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Por una ciudad que escuche a los niños

  • 22 Jun 2009
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  • Ciudad, General
El recuerdo de la grata experiencia con jóvenes de SFVC

El recuerdo de la grata experiencia con jóvenes de SFVC

Un viejo refrán popular dice: “los niños y los borrachos nunca mienten…” También escuché a alguien por ahí decir que, cuando está en una situación límite en la vida, se pregunta “¿cómo resolvería esto un niño?” y encuentra la salida, en base al sentido común. Quizás los políticos de nuestras ciudades deberían tener en cuenta esto, a la hora de contar con el honor de gobernar y legislar, en nombre de todos los vecinos.

Ya hemos comentado en esta columna, el pensamiento del pedagogo italiano Francesco Tonucci formulado en su libro “La ciudad de los niños. Un nuevo modo de pensar la ciudad”. Pues bien, los políticos de diversas ciudades de nuestro planeta –a la hora de tomar decisiones– están comenzando a escuchar a los niños, como lo hicieron ya algunos, en otros tiempos. He aquí ejemplos para que nos enteremos:

En los años 70, en Francia nació un modelo de Consejos de Niños. El proyecto consistía en juegos de roles, en los cuales los niños revivían las campañas electorales, las elecciones, las deliberaciones y la elección del pequeño alcalde (intendente)

En 1994, la ciudad de Barcelona comenzó a implementar las Audiencias Públicas de Niños/as como forma de participación a través de la cual, los niños y las niñas de los últimos años de la escuela primaria, realizaban propuestas a la administración municipal. A partir de las audiencias se solicitó la creación de un Consejo de Niños y Niñas permanente en el Ayuntamiento, y finalmente se establecieron en los barrios y distritos de la ciudad.

En 1991, en la ciudad de Fano, Italia, nació el proyecto “La ciudad de los niños”. En el proyecto, los Consejos de Niños están formados por niños que dan “consejos” a los adultos. El Consejo trata los problemas de la ciudad. Los niños y las niñas discuten partiendo de los aspectos que conocen y que les preocupan, denunciando lo que les parece inadecuado o injusto y proponiendo nuevas ideas.

En 1996, inspirado en la propuesta de Tonucci, la ciudad de Rosario implementa el proyecto a través del desarrollo de seis Consejos de Niños y Niñas que funcionan en cada uno de los distritos descentralizados. Una Comisión intergubernamental, integrada por representantes de las distintas secretarías, viabiliza las propuestas. Los proyectos se elevan al intendente, y de ser necesario, al Concejo Deliberante. En reconocimiento al proyecto “Ciudad de los Niños”, Rosario fue premiada en 1999 con la mención de “Ciudades por la paz”, otorgada por la UNESCO. En el año 2003, la ciudad recibió un reconocimiento por sus prácticas de gobernabilidad, otorgado por el PNUD, valorando los logros alcanzados con el desarrollo del proyecto.

A comienzos de 2002, surge desde distintas áreas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la inquietud de conformar Consejos de Niños de la Ciudad. La arquitecta María Antonia Kaul, quien forma parte del equipo que está llevando a cabo en la ciudad capital de nuestro país el programa “Buenos Aires Ciudad Amiga de los Niños, Niñas y Adolescentes”, nos contó –en una entrevista realizada en el programa de Radio Unión “A vos, Ciudad”– que se encuentran cumpliendo las metas previstas en su oportunidad.

Según Kaul, “el programa es una iniciativa que plantea entre sus objetivos, que los niños puedan ejercer su derecho a ser escuchados y participen activamente en la vida democrática y la transformación de la ciudad, garantizando el derecho a que los niños participen en el proceso de construcción colectiva de la ciudad a partir de la generación de proyectos que serán gestionados en instancias gubernamentales y promoviendo la inclusión de la perspectiva de los niños como sujetos de derecho”

Tomando el caso de nuestra querida SFVC, debo decir que nunca olvidaré la gratísima experiencia que vivimos el año pasado con los adolescentes de nuestra ciudad que participaron del taller “Buenos Anfitriones”. Resultaba emocionante verles las caras una vez que concluía el mismo. Se iban con la certeza de vivir en una ciudad que es fantástica y que los adultos no valoran. Y resultaba más grato aún leer las propuestas que escribían: verdaderos planes urbanos ambientales para implementar en la ciudad.

El presidente del Concejo Deliberante de SFVC –en el marco de la construcción de ciudadanía que le compete a esta institución– debería tomar la posta y continuar la experiencia y ligarlo a un proyecto que incluya el pedido de consejo a los niños/as de nuestra ciudad. Una ciudad buena y amigable para los niñ@s, será buena y amigable para toda la población…

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