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La arquitectura como instrumento de cura

Solarium del Sanatorio para tuberculosos en Paimio, Finlandia (1929)

Solarium del Sanatorio para tuberculosos en Paimio, Finlandia (1929)

En otras entradas mencionamos al arquitecto finlandés Alvar Aalto (1898–1976) representante del Movimiento Moderno escandinavo. Él sostenía que: “la escala humana del arte de construir, es decir, esta región humana de la arquitectura, puede ser centrada tanto en el lado físico como en el lado espiritual del hombre y tal vez, en nuestros días, sobre ambos. Esta claro que la construcción debe ser pensada desde el interior hacia el exterior, pero esto significa que los pequeños detalles en los cuales el hombre deberá estar en contacto directo, forman como el sostén o tejido celular, del cual nace poco a poco tejido constructivo…”

Era impensable que algún arquitecto de Finlandia en 1929, pudiera ganar un concurso para construir en Paimio –con los preceptos del Movimiento Moderno– un sanatorio para tuberculosos. Pero al darle el jurado el primer premio, abrió el camino de las nuevas ideas para Finlandia, dejando en claro que la “nueva arquitectura” también podía “ser sensible” con estos edificios para la salud.

Con el tiempo vamos entendiendo que el edificio sanitario pudo resolverse como lo hizo –con gran sensibilidad al enfermo que debía pasar meses en una cama– ya que él mismo estuvo internado en un hospital cuando joven durante un par de años. Jurado y experiencia hicieron su trabajo, para cambiar la historia de la arquitectura de ese país.

Lo que acabamos de contar someramente, lo explicó Aalto, en noviembre de 1951, en una conferencia que dio en el Colegio de Arquitectos de Madrid y que ahora transcribimos:

“Antes de hacer el Sanatorio de Paimio, caí enfermo y tuve que permanecer durante tres años en un hospital. Este edificio estaba pensado por hombres en posición vertical, los cuales no tomaban en consideración a los hombres en forzosa posición horizontal que iban a alojarse en él.

“Por ejemplo, mi habitación tenía una lámpara en el centro del techo ¿Saben qué tortura supone la diaria contemplación desde la cama de aquella luz? Para una persona sana, esto pasa inadvertido; pero, para un enfermo, constituye una tremenda tortura. Aquel edificio –no importa qué otras buenas condiciones reuniera– era un fallo, porque no partía de la fundamental: el hombre.

“En el sanatorio que proyecté, la luz se dispuso, para la comodidad del enfermo, detrás de su cabeza, de modo que a él no le molestara cayendo tangencialmente a su espalda.

“El techo, blanco, del hospital donde estuve enfermo era, asimismo, muy desagradable. En el sanatorio hicimos distintas pruebas de colores, hasta llegar a un gris verdoso, que fue el que se adoptó.

“La calefacción se dispuso en el techo, por paneles y encima de la zona de los pies del enfermo. Una persona con fiebre tiene la cabeza cargada y el calor allí le molesta; los pies, en cambio, suelen estar fríos. Colocando los paneles de calefacción en la forma que indico, se atiende a dar mejor solución a estas necesidades”

Luego de leer los pensamientos del maestro –explicados en la conferencia de Madrid– vemos cómo “el mundo en el cual se vive” constituye, por ejemplo en Paimio, una parte importante de la terapéutica, mientras la estancia del enfermo y su orientación presentan un dato de interés para juzgar cómo la construcción se adapta a su función de “instrumento de cura”. Ejemplo éste bien patente de cómo se traduce en realidad el interés humano de Alvar Aalto.

En Paimio, en efecto, la atmósfera era de paz absoluta creada por una arquitectura cálida en medio de un bosque, constituyendo la condición fundamental del lento proceso de curación y de la confiada y necesaria espera. La posición de la luz, de las ventanas, los colores, la misma forma de los lavabos, estudiada cuidadosamente para que no produzcan ruido, son todos elementos de una composición en la que se ha puesto toda la capacidad “para proyectar cuanto era posible, con los medios del arte de construir, para el pequeño hombre, en este caso hasta infeliz y enfermo…” como decía él.

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