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Basurama

  • 24 Oct 2008
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  • General

La siguiente es la transcripción de la columna “Patologías urbanas”del periodista Javier Castañeda, publicada en el diario catalán La Vanguardia el 23 de octubre de 2008.

“Si bien es cierto que somos lo que comemos, no es menos cierto que, en gran medida también somos en función de nuestros residuos. Lo que nos sobra define nuestro modo de vida. Y si hubo tiempos en los que el ecosistema se ajustaba automáticamente y lo que de modo regular sobraba al hombre, era en gran medida reutilizado o devuelto a la naturaleza sin grandes traumas; ahora el panorama es diametralmente opuesto.

“Desde la aparición de los materiales sintéticos, que a todos son tan útiles y tanto simplifican la vida, la cuestión se complica. El ecosistema, lejos de engullir y procesar pausadamente estas sobras, sufre de lentas digestiones que en algunos casos pueden durar años. Hablamos por ejemplo de una mera colilla de un cigarro, ese pequeño apéndice tan frecuente en nuestras playas, por poner un ejemplo. La pesada digestión del planeta respecto a las toneladas de basura y residuos diarios no se arregla con un Antiácido. Ojalá fuera tan fácil, pero el remedio no es tan sencillo.

“Al hecho de que los simples materiales que forman parte de nuestro espectro cotidiano, a saber: bolsas de plástico, arandelas que sujetan un pack de latas, toda clase de basura orgánica, electrodomésticos abandonados en plena calle, muebles viejos, ropas, botellas, etc. Todo un sinfín de elementos biodesagradables que –mayoritariamente- pueblan las ciudades y condensan todo tipo de basura, sobre todo, en núcleos urbanos, aunque quizá más visible en los entornos rurales. Quizá esta haya sido la razón que ha movido al colectivo “Basurama”, a presentar una nueva propuesta de su proyecto “Basurama panorámica: 6.000 kilómetros” porque, como bien resaltan: “Mucho se habla estos días de la crisis financiera e inmobiliaria, mucho se dice sobre los efectos en la economía, en el desempleo, en el ahorro de las familias, en el consumo…Pero ¿cuáles son los efectos de la crisis sobre el territorio? ¿Qué paisajes nos ha dejado este ciclo de prolongada expansión económica a cuyo hundimiento asistimos estos días?”.

“En un momento en que la palabra basura parece el adjetivo de moda, que está en boca de todos por su excelente maridaje con palabras como tele-basura, comida-basura, trabajo-basura o correo-basura; no deja de sorprender que una de las entradas más buscadas en Google, las hipotecas-basura, sea directa –y paradójicamente- responsable de un descenso relativo en la generación de basura, como demuestran algunos datos concretos. Pero si lo pensamos un poco no es de extrañar que, al descender el consumo por la crisis, desciendan también los residuos. En gran medida los excedentes sociales están relacionados con el consumo y, en una sociedad regida por la alta velocidad y la obsolescencia precoz de los objetos, los ciclos consumistas van mucho más aprisa que la capacidad del sistema para absorber sus basuras. Y aquí es donde surge el problema.

“Personalmente, no soy de los que encuentran fácil esa tópica idea de aprovechar las crisis como oportunidad. Es cierto que el hambre agudiza el ingenio y que estamos ante una frase que queda muy bien en libros y escuelas de empresa, pero que realmente requiere de una capacidad de adaptación al cambio que, ni siempre es fácil de aplicar fuera de entornos de laboratorio o que, sencillamente, no muchos poseen. Lo normal es que la inercia nos venza y que el sistema chirríe cuando alguien intenta cambiar el rumbo o se olvida de poner grasa a la maquinaria social. Pero en esta ocasión y tras leer en “Mi nu shu”, algunas recetas de aplicación directa para el cambio que provienen de una carta de un lector, confieso que me ha convencido porque da pautas prácticas de muy fácil aplicación. José Megías Vergés, el lector, dice así: “Cojamos la iniciativa y hagamos de esta crisis una oportunidad para: 1) Crecer como personas. 2) No gastar más de lo que tenemos. 3) No consumir más de lo que necesitamos. 4). Recuperar la cultura de bienes duraderos. 5) Aprovechar nuestros propios recursos. 6) Desmitificar el valor del dinero. 7) Reinventar el trabajo para tener una vida más sana. Honestamente, cuesta trabajo añadir nada más… “

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