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Conservación, sustentabilidad y desarrollo en el patrimonio.

  • 15 Jul 2016
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  • Arquitectura, Ciudad, General
Pedro Delheye

Pedro Delheye

Tuve la oportunidad de asistir al Primer Encuentro de Comités Latinoamericanos de ICOMOS del Siglo XX, que se llevó a cabo en el mes de septiembre de 2015, en la ciudad de Buenos Aires, bajo el lema “La problemática del Patrimonio del siglo XX en los países de Latinoamérica en el marco continental”.

Me interesaba escuchar las ponencias sobre los ejemplos de valor patrimonial de arquitectura moderna de Latinoamérica. Debo confesar, que fui con el prejuicio de que sentiría “olor a naftalina” en el tratamiento del tema, sumado a que la gente que se encarga de estudiarlo tiene una postura muy conservadora.

Pero me di con la sorpresa de la elección de Pedro Delheye como presidente de ICOMOS Argentina y al escucharlo en el auditorio, sentí que el patrimonio tiene más que ver con una mirada compleja, con “el equilibrio adecuado entre conservación, sustentabilidad y desarrollo” que propone Delheye. Sentí que corría “aire fresco”.

Posteriormente, en abril de este año, presencié por internet la inauguración de Las Terceras Jornadas Latinoamericanas de Patrimonio y Desarrollo; demás de escuchar la conferencia magistral de apertura a cargo del urbanista catalán Jordi Borja, seguí el discurso inaugural del flamante Presidente de ICOMOS Argentina. Ante mi pedido de publicar sus palabras en este sitio y su aceptación, transcribo sus conceptos que pueden servirnos para reflexionar sobre su planteo del equilibrio adecuado y equitativo entre conservación, sustentabilidad y desarrollo en el patrimonio.

 

Definir el concepto de patrimonio cultural supone entrar en un terreno complejo. El término es polisémico, se modifica y amplía permanentemente y la percepción de este es variable según los momentos históricos y supone una valoración que tiene una clara subjetividad: quiénes son los que determinan este valor y desde dónde se realiza. El valor es un concepto relativo que implica una posición privilegiada del que lo impone y que puede implicar visibilizar o invisibilizar prácticas y saberes culturales.

Como construcción social, histórica, cambiante, resignificada, o ignorada, el patrimonio cultural es variable de acuerdo a criterios que se van renovando o intereses que se van generando.

En este sentido, el derrumbe del paradigma del patrimonio asociado exclusivamente a las expresiones de la alta cultura y a los hechos significativos de la historiografía oficial, ocurrido en las últimas décadas y propiciado por las Ciencias Sociales, ha dado lugar a procesos de reconocimiento y valoración de saberes y practicas no institucionales.

Problematizando, por lo tanto, la simplificación del patrimonio como objeto, tesoro histórico y estético, para ingresar en una concepción más amplia que incluye el contexto físico, social y cultural y el reconocimiento del valor de uso del patrimonio en los planes de desarrollo. Todo ello como referente y comprensión del sentido de pertenencia y de identidad de una comunidad.

En el nuevo paradigma, el patrimonio se aleja cada vez más de las definiciones que lo ligan a acervos y herencias, es decir bienes materiales escasos a los que se considera valiosos.

Esta visión contemporánea incluye la arquitectura plebeya, la gastronomía, música, religión, rituales, técnicas, estéticas. A su vez, también necesita de los actores locales en el proceso de patrimonializacion desde el reconocimiento de las prácticas y bienes que merecen ser protegidos hasta el compromiso con su gestión y uso. Esto aleja al Estado como el único activador patrimonial.

De igual manera, esta nueva visión Integra también otras voces en el debate, no necesariamente surgidas de los ámbitos académicos o institucionales. Incorpora los aspectos materiales e inmateriales, se vincula con la comunidad, el desarrollo sustentable y la implementación de políticas centradas en la conservación y en el uso social de los bienes y las expresiones de carácter patrimonial.

Según los establece la Declaración de Budapest sobre Patrimonio Mundial, es imperante asegurar un equilibrio adecuado y equitativo entre conservación, sustentabilidad y desarrollo. El desarrollo debe ser un proceso integral que incluya dimensiones culturales, éticas, políticas, sociales y ambientales, y no meramente económicas.

Sin embargo, estos nuevos conceptos y definiciones, surgidos en los organismos multilaterales y enriquecidos en las instituciones académicas, no han desarrollado en nuestro país la necesaria praxis en los ámbitos donde debería enlazarse: los municipios y distritos. Es justamente el ámbito local donde esta perspectiva cobra sentido, la ciudad constituye el escenario en el que se produce y concreta la articulación con la sociedad civil y su territorio es el sustrato donde se identifican los bienes y las expresiones culturales relevantes para la ciudadanía.

Nuestra normativa nacional (Ley Nº 12665), así como la política desarrollada por el Estado en relación al patrimonio cultural, se ha caracterizado por proteger los monumentos históricos, vinculados a los grandes acontecimientos de la historia y a los ejemplos arquitectónicos de la alta burguesía. La política pública nacional en relación a lo local y a las manifestaciones que son parte del devenir de las comunidades es un tema a trabajar, así como el rescate del patrimonio de culturas que han sido olvidadas en la historia oficial.

Asimismo, el desarrollo inmobiliario unido a un poder político excesivamente contemplativo, modificó el perfil de muchas ciudades en nuestro país provocando la pérdida de atributos materiales e inmateriales que la destrucción del patrimonio urbano provoca, generando daños irreversibles en la configuración de lazos sociales e identitarios y desconociendo asimismo el potencial que el mismo aporta en los planes para el desarrollo humano y sustentable.

Paradigmático es el caso de La Plata, una ciudad que se enorgullece se ser un ícono urbanístico con una sólida tradición cultural, valores que obstinadamente se empeñó en destruir. El desguace urbano y patrimonial ocurrido en los últimos diez años encontró a las instituciones del Estado municipal y provincial, como sus principales efectores, unidos a un mercado inmobiliario impiadoso y a la falta de controles. En este sentido la propia Universidad Nacional ha sido un destacado depredador patrimonial con sus intervenciones en el espacio público más importante de la Ciudad

Fueron pocas las instituciones que alzaron su voz durante este festival de construcciones, ausencias de infraestructuras y carencia de planificación; la mayoría de éstas vinculadas a las asociaciones civiles, que se organizaron y salieron con firmeza a salvaguardar el valor esencial de la Ciudad: la calidad de vida de todos sus habitantes.

En La Plata, entre el 18 y el 20 de abril de 2013 se realizaron las Segundas Jornadas de Patrimonio y Desarrollo, días después del terrible temporal que asoló a la ciudad, que tuvo como consecuencia graves daños materiales y peor aún, numerosas pérdidas humanas. En este duro contexto, ICOMOS Argentina expresó su posición y señaló la responsabilidad de los distintos estamentos del Estado por la falta de una política de previsión y planificación territorial donde el crecimiento desmedido quedó en manos casi exclusivamente de los sectores inmobiliarios.

El texto presentado en esa ocasión, conocido como Recomendación La Plata surgió con un ambicioso propósito: tener un documento que a todos los que luchamos por la gestión del patrimonio cultural nos sirva como herramienta para solicitar al poder público el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades.

Ese trabajo se desarrolló a partir de la participación de especialistas y representantes de ICOMOS de todas las regiones del país, incorpora sus experiencias y los aportes de los documentos internacionales en nuestro territorio, lo cual le otorgó la legitimidad de ser un texto federal.

Este documento, solicita entender la planificación como una herramienta de gestión que habilite la integración y concertación de todos los sectores y la participación activa de la comunidad en el diseño del territorio.

Entender la dimensión territorial de las políticas culturales y patrimoniales es el desafío que deberán afrontar los gobiernos locales, implicando para ellos tanto a la declamada recuperación del espacio público como al fomento a la participación ciudadana en la elaboración un nuevo modelo de gestión plural democrático y participativo, que estimule el desarrollo sustentable local.

Estas 3ras Jornadas organizadas por ICOMOS Argentina junto a la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de La Plata y el Colegio de Arquitectos Distrito 1 con el apoyo de UNESCO, la Fundación Ciudad de la Plata, la Cámara de Turismo local y varias entidades como la Federación de Institucional Deportivas y Culturales, Fundación Ctibor , Centro Cultural Estación Provincial, la Sociedad Central de Arquitectos, genero un nuevo espacio de debates y experiencias y amplia voces y participantes.

En este marco tuvimos la presencia de Jordi Borja, Desde hace años que venimos aprendiendo de él. Tenerlo con nosotros hoy en un orgullo

Por otro lado, la cantidad de participantes y ponencias han sido muy importantes y valiosos sus aportes. También hemos creado un espacio denominado Taller Urbano donde poder conocernos y reconocernos con las organizaciones que trabajan en territorio en la defensa de su calidad de vida y del derecho a la ciudad.

Finalmente, hacer mención a este increíble edificio y la amabilidad de las autoridades del Conservatorio Gilardo Gilardi. Desde el punto de vista simbólico es muy importante para nosotros dar inicio a nuestras jornadas en este auditorio.

La historia de este edificio es la historia de la colectividad italiana en La Plata, la de María Luisa Servente, la de su arquitecto Reynaldo Olivieri, la de incontables religiosas que brindaron su trabajo y dedicación, la de las empresas e instituciones que colaboraron, la de las niñas y niños que pasaron por el edificio. Es la historia de un sueño y de una convicción: la protección de la infancia.

Hoy como conservatorio de música y como escuela pública, artística y de calidad, conserva el espíritu de inclusión social, es abierto a la comunidad, integra, no pone rejas, no expulsa. Soporto los daños materiales ocasionados la trágica noche del 2 de abril a partir de la solidaridad de la comunidad. Hoy podríamos hablar de patrimonio resilicente y este edificio y esta comunidad es un ejemplo de esto

Solo me resta que no le digan a este edificio “Palacio” Servente, Este nombre suena suntuoso, e injusto con el trabajo solidario de estos vecinos. Nunca este edificio fue pensado como un Palacio. No es este un tema menor, es una observación para reflexionar en qué lugar ponemos a veces a nuestra historia, como dejamos en el olvido el esfuerzo y la solidaridad en este caso de tantas mujeres, italianas o descendientes de italianos que ayudaron a la construcción de nuestra ciudad.

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