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Categoría / Arquitectura

  • Oct 12 / 2008
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  • Arquitectura

Un arquitecto

Eduardo Sacriste con sus alumnos de la Escuela de Arquitectura de Tucumán

Eduardo Sacriste con sus alumnos de la Escuela de Arquitectura de Tucumán

El 1 de Julio se celebra el Día del Arquitecto.

La fecha fue instituida hace algunos años durante la realización de un Congreso de Arquitectura organizado por la Unión Internacional de Arquitectos. Anteriormente se recordaba a los arquitectos cada 8 de noviembre, en coincidencia con el Día Mundial del Urbanismo.

“El arquitecto… a veces un bicho raro, no comprendido. O pensamos que no nos comprenden…” Todo esto dicho, por supuesto, con mucho humor por un colega amigo. Pero en realidad, la función de un arquitecto en una ciudad es de vital importancia. “El arquitecto, aun con una pequeña intervención, hace ciudad”, dijo alguna vez el arquitecto norteamericano Robert Venturi.

Quizás, este es el momento para analizar pormenorizadamente un pensamiento del arquitecto Eduardo Sacriste, cuando le preguntaron cómo imaginaba un arquitecto o lo que había pretendido formar en sus años de docencia y decía: “Mi arquitecto, debe ser capaz de proyectar y resolver correctamente (con todo lo que el término implica) problemas no complejos de arquitectura, amoblarlos y construirlos. Debe tener sensibilidad plástica, conciencia social y urbanística, un grado de cultura acorde a su nivel universitario y, por sobre todo, debe tener ética. No concibo la compra de trabajos a los que, luego por él rubricados, se aceptarán y aprobarán como propios”

Palabras muy fuertes y que pueden sonar en este mundo “light” que vivimos, como que él creía ser el dueño de la moralidad. Y no es así. Porque como un medico, o un abogado, por citar algunas profesiones, un arquitecto tiene un gran compromiso social y urbanístico en el tiempo que le toca vivir.
Eduardo Sacriste nació a principios del siglo XX en Buenos Aires y estudió arquitectura en la Universidad de esa ciudad, bajo los preceptos del academicismo. En esa época, en las escuelas de arquitectura, todo se debía proyectar y construir bajo ciertas reglas que estaban ya pre-establecidas. Pero al graduarse, el joven Sacriste, hizo un viaje a Europa y le cambió la cabeza.

En el viejo continente pudo comprobar cómo la arquitectura estaba transformando la forma de vida de la gente. Arquitectos como el suizo-francés Le Corbusier o el alemán Mies Van Der Rohe, proyectaban y construían teniendo en cuenta “el espíritu de los nuevos tiempos”. Ya nada era igual. La sociedad se transformaba luego de la Segunda Guerra Mundial y la arquitectura debía adecuarse a esta realidad.
Sacriste comprendió el mensaje estando allá y en el contacto directo con estos maestros. Al regresar, junto a otros colegas, crean la Escuela de Arquitectura de Tucumán, filtrando los preceptos de la modernidad a nuestra realidad. Con el tiempo, él y sus amigos se enterarían que esta “escuelita” era reconocida en América, a la par de la Escuela de Arquitectura de Harvard. El arquitecto tucumano César Pelli, siempre comenta cómo se lo decían cuando llegó a probar suerte a Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los profesionales más importantes de la arquitectura mundial.

El maestro Sacriste, siempre decía que para que un arquitecto enseñe arquitectura, debía tener por lo menos cinco años de experiencia en el oficio. Sólo así, y con esta condición, podría regresar a la Facultad de Arquitectura a enseñar. La enseñanza, según él, estaba basada en gran parte, en “la experiencia”

Lo mencionado es cierto, según su perspectiva, si analizamos algunas palabras del pensamiento transcripto al principio: “…y, por sobre todo, debe tener ética”. Al estar en contacto con la realidad, con el “hacer la ciudad” que menciona Venturi, podría valorar la inmensa responsabilidad social del arquitecto.

“El problema más difícil…”

A Sacriste le agradaba opinar sobre el tema de la casa, a pesar de considerarse normalmente a la vivienda como un problema sencillo de resolver. Según él, fue el más interesante que enfrentó en sus años de profesión. Y señalaba que, refiriéndose a la casa de bajo costo, el arquitecto moderno norteamericano Frank Lloyd Wright dijo que “es el problema más difícil, aún para los mejores arquitectos…”

El arquitecto Sacriste señalaba que hoy en día en las Facultades de Arquitectura se da como tema de primer año “una casa chica”, como si esto fuera sencillo. Él creía que era erróneo plantearlo así y apoyaba su afirmación con la frase mencionada recién de Wright. Pensaba que era más fácil resolver una vivienda de 5.000 metros cuadrados, donde los 10 centímetros de una pared no cuentan, que una vivienda de interés social de 50 metros cuadrados (hoy repetida hasta el hartazgo, en base a un diseño único e inmoral sin importar el medio natural y cultural)

Concluimos con una reflexión del maestro, comparando la vivienda de los pájaros con las nuestras y que refleja la mirada simple, quizás como la de un niño, de su forma de ver la arquitectura:
“Cuando observamos los nidos de los pájaros, sus viviendas, vemos la gama infinita de posibilidades que brindan estas verdaderas obras de arte. Además de ser formalmente perfectos, son standars, están siempre bien orientados, construidos con una técnica clara y definida, cumplen correctamente su función, son confortables… Creo que deberíamos volver a las fuentes”
Y si Maestro, coincidimos con usted…

  • Sep 25 / 2008
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  • Arquitectura

Hablemos de Arquitectura

Un arquitecto votando

Un arquitecto votando

Un arquitecto jovencito decía los otros días, casi al borde de la angustia “¡Por Dios… quiero hablar de arquitectura!” Lo decía con la desesperación de la certera convicción de la concreción inmediata de las cosas de la vida, devorándose a ésta apasionadamente, como suponemos que lo debería hacer cualquier chica o chico de 25 años. El gran poeta y cantautor Victor Heredia lo sintetiza muy bien en una de sus canciones “Tengo la esperma urgente…” Y es que al final de cuentas, como nos alecciona aquella serie televisiva de HBO “todos vamos a terminar dos metros bajos tierra…” No podemos pasar por esta vida sin pasión.

Los grandes avances en el mundo de la arquitectura se han producido, precisamente, por la postura crítica frente a los problemas a resolver y con actitudes verdaderamente transformadoras y de vanguardia.

Este joven arquitecto, comprende que la Escuela de Arquitectura en la que se formó, pertenece a una de las tantas de nuestras universidades argentinas, que como muchas, han sido destruidas durante la pasada década de los noventa. Sabe del déficit en su formación. Sabe que en la profesión del arquitecto, la solución no es la “especialización” sino la visión integral del arquitecto. Sabe que el arquitecto hace ciudad y no puntualmente un edificio.

Esta reflexión la hizo en medio de un hecho inédito entre los arquitectos del medio, cual fue la mediatización de la campaña para renovar el Consejo Directivo de la Unión de Arquitectos de Catamarca. Institución ésta, encargada de controlar la matrícula profesional de los arquitectos.

Un retiro espiritual

Nos viene a la mente también, el comentario de un arquitecto amigo (un poco más grande que el joven citado recién) quien reflexiona sobre dos hechos que le tocaron vivir en la vida y que los unió para dar explicación a la “formación continua”, tan necesaria en nuestra vida profesional.

Este arquitecto, ante una situación límite, sigue el consejo de un médico, quién lo guía por la sana rutina del ejercicio físico y a partir de ese momento comprende la importancia de la actividad física para mejorar su salud.

Este colega, también, consulta una vez a un sacerdote amigo, acerca de sí tiene sentido la existencia de los conventos de clausura. Él le dice que son el tesoro de la iglesia, “allí los monjes oran por nosotros”, enfatiza. El profesional piensa en su respuesta y a partir de ese momento comprende la importancia de estos ámbitos religiosos.

El arquitecto comprende a lo largo de los años, algo que es obvio, así como es importante el ejercicio físico ya que, gracias a éste, mantenemos saludable el cuerpo, también es importante el ejercicio espiritual ya que, gracias a éste, mantenemos saludable el alma…

Algo parecido pasa con los arquitectos. La rutinaria de nuestro oficio, llevando adelante el estudio de arquitectura, buscando proyectos, elaborando presupuestos, relacionándonos con nuestros clientes, el contacto traumático y maravilloso a la vez con la obra, por citar solamente algunos aspectos, nos mantiene saludables en el ejercicio de nuestra profesión.

Pero… ¿Qué pasa con el alma de un arquitecto si no hay lugar para la reflexión? ¿No es hora, llegado cierto momento de nuestra vida profesional, plantearse la necesidad de realizar “retiros espirituales-profesionales”? Es ahí cuando recordamos lo que le dice al arquitecto su amigo cura… Entonces piensa si no vale la pena comparar los “ámbitos de debates de ideas” con los conventos… Y cree que sí… En estos foros se cuida nuestra profesión… Allí está el mundo de las ideas, incontaminado, cristalino. Allí todo tiene su justo nombre… Allí cuidan que no olvidemos a los grandes arquitectos y a los no tan grandes. Allí rescatan del anonimato a los buenos arquitectos desconocidos. Allí está el tesoro de nuestra profesión… Allí “oran” por nosotros… ¿Acaso no son, para los arquitectos, los lugares donde nos juntamos a hablar de arquitectura, “lugares santos” para la arquitectura?…

Este arquitecto reflexiona que los lugares de encuentro para pensar la arquitectura en una ciudad, son como retiros espirituales que nos permiten tomar posición frente a los problemas de la misma. Este arquitecto se da cuenta que sus palabras tienen sentido ahora. No podemos olvidar que somos arquitectos y que debemos seguir pensando, reflexionando, analizando la arquitectura. Sólo así seremos arquitectos honestos e insertos en la realidad que nos toca actuar, con compromiso y disciplina…

Familias endogámicas

Escribió una vez el arquitecto catalán Francisco Barba Corsini: “El único sujeto de la arquitectura es el hombre y el objetivo es hacerle más feliz. La Arquitectura debe primero funcionar y luego emocionar; la técnica es sólo un medio y la mejor arquitectura es la Naturaleza, a la que hay que acercarse. Lo fundamental es tranquilizar la vida humana en las ciudades, con la arquitectura”.

Las ciudades son fundamentales para responder con eficacia uno de los problemas más graves que enfrentamos: la exclusión de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. La arquitectura y los arquitectos juegan un rol fundamental. Los arquitectos debemos estar preparados para ello, por lo tanto debemos “reciclarnos” continuamente.

Decía los otros días el reconocido arquitecto Ricardo Palacios (en un reportaje que le hicimos en el programa de Radio Unión “A vos, Ciudad”) que casi todos los colegios profesionales del país, padecen hoy en día una fuerte injerencia del Estado en los mismos, impidiendo que se produzca lo más sublime (en el caso de los arquitectos) que es “hablar de arquitectura”.

En honor al pensamiento de las dos generaciones de arquitectos citadas en esta columna, tenemos que recordar, que en la institución que nos agrupa, no se debe hablar de otra cosa que no sea “Arquitectura”. Cuando el Estado se mezcla con estas instituciones, pasa lo mismo que con las familias endogámicas: corren el riesgo de enfermarse todos los integrantes que componen la misma.

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