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Archivo por Mes / enero 2009

  • Ene 30 / 2009
  • 11
  • Ciudad, Cultura, General

¿Cuál es el rol del concejal?

La escuela de Atenas, una de las pinturas más famosas del artista Rafael Sanzio. En ella se muestra a Platón con el dedo señalando al cielo, en la que hace referencia a la Teoría de las Ideas, y a Aristóteles, en el que señala con su dedo a la tierra, como muestra de su idea opuesta con la de Platón.

La escuela de Atenas, una de las pinturas más famosas del artista Rafael Sanzio. En ella se muestra a Platón con el dedo señalando al cielo, en la que hace referencia a la Teoría de las Ideas, y a Aristóteles, en el que señala con su dedo a la tierra, como muestra de su idea opuesta con la de Platón.

En una sociedad participativa es normal pensar que uno de los honores más grandes que puede tener un vecino es llegar a ser elegido concejal de su ciudad. Quizás todos tendríamos que servir en nuestras ciudades haciendo alguna tarea que promueva la participación y la construcción de ciudadanía.

Uno de los derechos y obligaciones que tenemos en nuestras ciudades es la de participar en las decisiones que nos involucran a todos en la cosa pública. Los vecinos no podemos, por una cuestión de organización, juntarnos todos y someter a una votación directa cada semana los asuntos de la ciudad. Por eso delegamos, a través de nuestro voto, la noble tarea de legislar en las ciudades.

En los tiempos en los que vivimos estaría bueno, desde los foros organizados a tal fin, reflexionar un poco sobre cuál es el verdadero rol del concejal en la gestión local contemporánea.

Cuando escuchamos la tarea que llevan a cabo los concejales cada día en nuestras ciudades, es obvio suponer que la gente se pregunte ¿para qué están? Tal vez los concejales no se valoran en su real dimensión…

Algunos especialistas en estos temas señalaron en varias oportunidades que los concejales tienen una baja estima entre ellos y que por ello se desvalorizan con sus acciones. Muchas veces no saben cómo encarar una gestión determinada y sienten angustia de ver que la gente no valora lo que hacen.

Su función no es solamente poner nombres a las calles o ayudar a los vecinos a conseguir una ayuda social. Es bueno aclarar que esto último no está mal, pero lo correcto es suponer que los concejales están para actividades que tienen una gran relevancia en la vida democrática de las ciudades.

Según la opinión de muchos vecinos, los concejales están para grandes obras. Una de ellas y tal vez la más trascendental es la de construir ciudadanía.

Como decía en una oportunidad el ex concejal por la ciudad de Catamarca Luís Andraca: “la gente no sabe muy bien que hace un concejal y su función indelegable es la de construir ciudadanía” Agregando enseguida que: “la construcción de ciudadanía pasa por la labor legislativa, por el contralor de las estructuras legislativas, por la discusión de los temas públicos”

Entonces volvemos a preguntarnos ¿cuál es el rol legislativo del concejal? ¿Cuál es el papel del concejal en la democracia moderna? Seguramente tiene que ver con el surgimiento de mecanismos participativos y la tensión que generan sobre la legitimidad de las instituciones representativas.

El Concejo Deliberante de cualquier ciudad tiene que hacer un control de la gestión, mirar qué hace el ejecutivo municipal, tener un indicador para medir la calidad de gestión del intendente. Tiene un papel fundamental a cumplir con la educación del ciudadano y un gran trabajo con la prensa en este campo.
No sólo es presentar la mayor cantidad posible de proyectos para competir en un ranking, sino que deben mejorar la calidad del Concejo Deliberante.

Los concejales deben construir ciudadanía promoviendo la participación ciudadana. La gente necesita recuperar la confianza en ellos, necesitan ver continuidad en sus actos. ¿Vamos por el mismo camino los ciudadanos y los políticos? Cuestionarse todo esto nos puede llevar a revalorizar la política.

Escuela de Concejales

Una actividad fundamental que podría implementarse en la provincia es la creación de una Escuela de Concejales. Esta sería sumamente útil para comenzar a pensar con una mentalidad superadora el papel del concejal en la democracia moderna. Una escuela creada a tal fin por ellos mismos.

Una escuela que les permita formarse e informarse para llevar a cabo una mejor gestión, creando un círculo virtuoso con los vecinos en la construcción de ciudadanía, tan importante para la vida democrática de las ciudades.

Los concejales pueden legislar y controlar los gobiernos en nuevos campos como el cuidado del medio ambiente, la seguridad ciudadana y la protección de los derechos humanos, la promoción económica, la defensa del consumidor, el acceso a la justicia y ayudar a la resolución de conflictos locales, la promoción social, etc.

Un aspecto fundamental a tener en cuenta es que se involucren en los temas de la deficiente o inexistente planificación urbana. Deben propender a exigir al ejecutivo municipal de cada ciudad a cumplir con un plan urbano ambiental y a hacer un seguimiento implacable del mismo.

Otro punto a tener en cuenta por parte de los concejales, sería transmitir en su totalidad las sesiones deliberativas ya sea por radio, televisión o usando la poderosísima herramienta de Internet. Esto hablaría bien de ellos y ayudaría mucho en todo este proceso participativo del que hablamos.

En la Grecia Antigua el dolor más terrible que le podía suceder a un ciudadano era el de ser desterrado, perder su ciudadanía, no poder participar de las discusiones en el ágora. Qué lejos estamos de participar de los temas de la cosa pública. Quizás aquí está la cuestión, por ello tenemos estos representantes en nuestras ciudades. Debemos ayudarles, cambiando nuestra actitud como ciudadanos. Si nos involucramos en las decisiones, en un tiempo no muy lejano, tendremos otras ciudades… otro país.

  • Ene 22 / 2009
  • 1
  • Ciudad, General

No sin mi coche

El coche forma parte de nosotros

El coche forma parte de nosotros

Transcribimos un artículo del periodista experto en Sociedad de la Información, Javier Castañeda. Él escribe su columna Patologías Urbanas (ecografía de una sociedad desestructurada) en el diario catalán La Vanguardia.

“Vas en coche hasta a por el pan”. Durante años, esta expresión fue muy común y, pese a que hoy cueste creerlo, no sonaba del todo a reproche. Hubo un tiempo en que el culto al coche ganaba por goleada al culto al cuerpo. Sus propietarios lo usaban con fruición y además, presumían de ello. La llegada de los coches a la clase media, uno de los clásicos del landismo, fue recibida por la sociedad con toda suerte de alharacas.

Obviamente eran otros tiempos, herencia de un siglo pasado. Entonces no había Internet y las modas se importaban directamente –y sin cuestionar- de Estados Unidos, donde entonces brillaban los frutos del Fordismo y refulgía por excelencia la industria automovilística. Desde entonces no ha pasado tanto tiempo, pero sí muchas cosas que han hecho que el cuento cambie radicalmente. Pese a que en el SXXI aún los coches gozan de millones de adeptos, su industria se tambalea y zozobra. Recuerdo con perfecta nitidez como hace sólo un par de décadas, el sueño de la mayoría de los jóvenes era comprarse un coche. Se endeudaban hasta las cejas con tal de ponerse al volante de cualquier cosa que tuviera motor. Actualmente, y aunque aún hay fetichistas de las cuatro ruedas, seguro que si preguntamos de nuevo a los jóvenes de hoy, muchos ya no tendrán como prioridad tener un coche: ni inmediata, ni mediatamente.

¿Qué ha pasado en tan poco tiempo? Pues para empezar, que los coches ya están –prácticamente- al alcance de cualquiera, lo que les ha hecho perder parte de su encanto. Ya no es tan cool hipotecarse varios años simplemente para hacer rugir un motor: ni pone como antaño, ni tiene tanto glamour, porque ahora los jóvenes –o muchos de ellos- son verdes. Afortunadamente, y aunque no al mismo ritmo, a la par que los niveles de calentamiento crecen por todo el planeta, también aumenta la conciencia ecológica de muchos de sus habitantes que, prefieren caminar, patinar, ir bici o en tren. Podría decirse que es uno de los pocos casos en los que la era de la comodidad en la que nos hallamos instalados, ofrece un atisbo de renuncia a lo fácil en aras de lo verde.

Por un lado, ha aumentado la conciencia. El planeta tiene recursos energéticos cada vez más escasos y, todo lo que sea reducir el consumo –en general- y el de los derivados de petróleo al usar otro tipo de energías alternativas, será bienvenido. Conscientes del alto impacto ecológico que supone moverse en coche, cada vez más gente apuesta por otros medios de transporte. Asimismo, ha aumentado el interés porque el agujero de la capa de ozono deje de crecer y cada vez más la gente lo asume como una responsabilidad directa. Siempre habrá quién piense que es un problema macro y que de poco sirve actuar a nivel micro, pero, quizá como nos recuerda el movimiento “Vamos a cambiar el mundo”, la fórmula “pequeñas acciones x mucha gente = grandes cambios”. En definitiva, creo que todo el mundo estará de acuerdo en que al igual que “somos lo que comemos” y también “lo que pensamos”, del mismo modo “somos lo que hacemos” (we are what we do).

Cada vez son más los que se apuntan -abiertamente y sin mayor problema- a una cierta dosis de austeridad a la hora de consumir recursos globales. Así, llegamos a realidades que identifican nuevas formas de desplazarse en aras de una “movilidad personal” mucho más sostenible. Los motivos pueden ser de lo más variado: habrá quien prefiera caminar antes que subirse a un coche para intentar que el mar no suba un metro, ya que, tal y como vaticinan algunos expertos, sería una verdadera catástrofe. Otros, simplemente, prefieren rescatar el placer de pasear y aprovechan sus trayectos para ir a pie, a fin de introducir algo de ejercicio en una vida hipersedentaria; una tendencia que persigue recuperar al peatón como protagonista de los espacios urbanos. Por último -y quizá los más avezados- están los que quieren minimizar sus huellas al máximo, para intentar llegar a una vida sin impacto ecológico. Sea como fuere, tal y como sugiere el periodista Jesús García, el objetivo final debería ser “lograr que las ciudades sean más amables para el ciudadano”. Y según recoge la Estrategia de Cambio Climático, “el transporte colectivo y la bicicleta deben acabar con el reinado del coche”. Amén.

Servicios humanos

Los patios de las viejas casonas en SFVC. Para explotar turísticamente.

Los patios de las viejas casonas en SFVC. Para explotar turísticamente.

Cuando visitamos una ciudad por primera vez y buscamos alojamiento, preguntamos por sus hoteles y los precios. Si existen uno o varios establecimientos de cinco estrellas, entendemos la importancia de la ciudad en la región y nos preguntamos cómo hicieron para posicionarse en el turismo. Pero hoy en día existen otros tipos de alojamiento que no son cinco estrellas, que sin embargo, tienen características de excelencia.

Quien escribe estas líneas, tuvo la oportunidad de visitar, hace un tiempo (gracias a una iniciativa de la Secretaría de Turismo de la Provincia y el Consejo Federal de Inversiones), una serie de establecimientos para alojar turistas en el norte argentino.

Allí pudimos ver unos emprendimientos llamados “hoteles boutique”, que no eran precisamente “cinco estrellas” (el ideal de cualquier turista) sino más bien pequeños establecimientos, que si merecerían llevarse seis estrellas.

Estas posadas son el futuro para un buen servicio turístico. Es aquí donde el Estado tendría que poner el acento en propiciar la generación de más camas para el turista, en las ciudades de nuestra geografía.

El Estado no puede hacerse cargo de un hotel, esto llevará indefectiblemente al fracaso. Nadie mejor que los pequeños emprendedores están capacitados para realizar esta actividad.

Mucha gente, con una gran vocación de servicio, no llega a cumplir con los requisitos que las reglas económicas plantean. No alcanzan a poder demostrar con qué recursos responderán a un crédito.

Pero, debería existir la posibilidad de replantearse desde los organismos de conducción, la sensibilidad y el sentido común sobre cómo evaluar la capacidad económica de mucha gente que seguramente sí responderá, ya que tienen aptitudes y actitudes de sobra para encarar una actividad de esta naturaleza.

No cualquiera está capacitado para ser anfitrión en un servicio turístico. A la gente que visita un lugar, hay que atenderlos, prestarles atención, darles de comer, guiarlos, contenerlos, mimarlos… Les aseguro que es todo un arte…

Quiero recordar en esta columna a Audrey, una francesa, que con su esposo, ofrecen con excelente atención su gastronomía en Fiambalá. Ellos sí tienen esa vocación, pero muchas veces chocaron contra las “reglas” impuestas por la hipocresía del sistema, al plantear su proyecto de inversión. Como el caso de esta agradable pareja, seguramente existen otros.

Alojamiento en las viejas casonas con sus corazones de manzana

Sólo hace falta un poco de imaginación y permitirle a la creatividad jugar su juego… En SFVC existen los corazones de manzana (hoy zonas muertas) que tienen un gran potencial para brindar servicios turísticos.

No olvidemos que en el siglo XIX (según los que estudian nuestra historia), los centros de manzana eran atravesados por canales de riego que bajaban de la zona alta y que servían para dar vida a los huertos y árboles frutales que se plantaban allí. Había vida. Y perfectamente hoy podríamos otorgarles vida nuevamente, hilvanando las calles del centro con estos corazones, creando un subsistema que los comunique. La vida de la ciudad podría estar allí latente.

Las viejas casonas podrían transformarse en alojamientos “boutique” para delicia del turismo. ¿Es qué será mucha la inversión necesaria para conseguir este objetivo? Quizás, sólo es “creatividad” ¡Sería una propuesta distinta en el norte y una maravilla para el turismo!

No existe una verdad única

Unos amigos que fueron de vacaciones a Brasil, me contaban a su regreso que éste país, en los últimos tiempos, creó cerca de 150.000 nuevas camas para recibir turistas. Pero el dato interesante y que debe llevarnos a reflexionar, comentaban, es que las tres cuartas partes de estas nuevas camas, corresponden a pequeños emprendimientos del tipo “pousadas”.

En nuestros pagos, es hora de terminar con desencuentros verbales bajos, desagradables y mezquinos, que sólo reflejan inseguridad. De una vez por todas, el Estado y los privados “se tienen que poner las pilas” para hacer de Catamarca, con un trabajo constante a lo largo del tiempo, un destino turístico y permitir de esta manera que la gente tenga una mejor calidad de vida, gracias a las fuentes de trabajo que se generen… y que los lleve a ser felices.

Lamentablemente (para algunos) y felizmente (para otros) aquí nadie tiene la verdad absoluta en materia turística. Existen muchas verdades… humanas y sensibles. Habrá que ver si la noble actividad política toma cartas en el asunto, ya que lo reclama la ciudadanía con sus impotentes reflexiones desde el llano…

Falta de criterio…

Como todos los veranos, los que vivimos entre montañas, tenemos la posibilidad de recorrer las villas turísticas que están cerca de SFVC buscando el fresco. Un caso es La Puerta, en el departamento Ambato.

Como todas estas villas, La Puerta de Ambato se caracteriza por la beleza de su paisaje, el verde, el río y sus calles tranquilas y que invitan a caminar por ellas y deleitarse con el sonido de los pájaros…

Esto hacía, seguramente, el arquitecto Martín Bormann cuando descubrió, para su asombro, que la plaza del pueblo había sido invadida por “quinchos”. Transcribo lo que me envió a mi correo el arquitecto amigo, ya que vale la pena publicarlo como una entrada y no solo como un comentario más.  Aquí va:

Hola Basilio, te escribo para comentarte y mostrarte una intervencion que han realizado en una localidad del interior, mas precisamente La Puerta y que todavia no salgo del asombro.
En la plaza central de la localidad han construido toda clase de estructuras de quinchos de todos los tamaños y para varias funciones y hasta un escenario techado…..que nivel!!!!
Lo bueno de esta intervencion es que algunas estructuras han “respetado” el eje de la iglesia “reforzando la perspectiva” hacia la misma. Tambien toman algunos elementos de esta para construir estas interesantes estructuras. Todas estas intervenciones le dan un marco interesante a la iglesia ya que pasaba totalmente desapercibida. Tambien queria agregar que al ingresar a la plaza a uno le da la sensacion de estar en cualquier complejo de la costa brasileña. No dejes de visitar esta villa veraniega que nos ha asombrado a todos…
Saludos. Martin

Agradecemos al arquitecto su observación.

Lamentablemente estas cosas ocurren sin control alguno. Comentan que la iglesia que aparece en la fotografía fue construida por Caravati. ¿Será verdad? pero lo cierto es que el intendente no puede permitir que algo así sea ubicado en el paseo principal. La plaza ha sido “invadida” ¿No hay alguien en el municipio o en las oficinas de la provincia o del Colegio de Arquitectos que diga algo? Como decía Sacriste: “asi estamos…”

Y aquí van las fotos…

A esta foto Bormann la titula: "el escenario mayor"

A esta foto Bormann la titula: "el escenario mayor"

Aqui vemos como se "respetó el eje" segun el arquitecto.

Aqui vemos como se "respetó el eje" segun el arquitecto.

El contraste...

El contraste...

  • Ene 14 / 2009
  • 0
  • Ciudad, General

“Los políticos suelen aferrarse al poder como psicópatas”

En las nuevas generaciones hay que construir ciudadania

En las nuevas generaciones hay que construir ciudadania

Nos pareció interesante esta entrevista, publicada el 14 de enero en el diario La Nación, para que meditemos a la hora de elegir nuestros representantes en las ciudades. La construcción de ciudadanía se hace desde el conocimiento de análisis como los que publicamos hoy.

“Para los que tienen esas características, las personas son sólo cosas”, afirma el médico psiquiatra Hugo Marietan.

Marietan, de 57 años, médico y profesor graduado en la UBA, trabajó desde 1982 en los hospitales Moyano y Borda. Dicta cursos de grado y posgrado. Es autor de trabajos académicos ( Sol negro: un psicópata en la familia , Descriptor de psicopatía ) y también de obras de teatro y novelas.

“Los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua.”

El que lo dice es el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía y referencia obligada para aquellos que les ponen la lupa a estas personalidades atípicas, que no necesariamente son las que protagonizan hechos policiales de alto impacto.

Porque, precisamente, la alusión no se dirige a los asesinos seriales al estilo de Hannibal Lecter, el perturbado psiquiatra de El silencio de los inocentes, sino a aquellas personalidades que Marietán define como los “psicópatas cotidianos”. Personalidades especiales, pero que no sólo se adaptan perfectamente al medio, sino que también suelen estar a nuestro alrededor sin mayores estridencias. Y más aún: muchos suelen llegar a la cima económica, política y del reconocimiento social.

Lo novedoso en la definición que hace Marietán, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría y considerado una autoridad en su especialidad, es que el psicópata no es un enfermo mental, sino una manera de ser en el mundo. Es decir: una variante poco frecuente del ser humano que se caracteriza por tener necesidades especiales. El afán desmedido de poder, de protagonismo o matar pueden ser algunas de ellas. Funcionan con códigos propios, distintos de los que maneja la sociedad, y suelen estar dotados para ser capitanes de tormenta por su alto grado de insensibilidad y tolerancia a situaciones de extrema tensión.

En la psicopatía, señala este experto, no hay “tipos”, sino grados o intensidades diversas. Así, el violador serial sería un psicópata más intenso o extremo que el cotidiano, pero portador de la misma personalidad.

A los 57 años, es docente en la Universidad de Buenos Aires, codirector de la revista de neuropsiquiatría Almaceón y coordinador del portal español psiquiatria.com . A partir de la década del 80, trabajó en los hospitales Moyano, Esteves y Borda, donde dirigió cursos de semiología psiquiátrica. Su página en Internet marietan.com es de referencia constante en los estudios sobre psicopatía.

Según explica en la entrevista con LA NACION, hay un tres por ciento de la población con características psicopáticas. Es decir, 1.200.000 personas en la Argentina. “La relación es de tres varones por cada mujer. Son 300.000 damas y 900.000 caballeros. ¿Por qué más hombres? Sospecho que es porque la mujer utiliza su poder en el ámbito de la casa”, dice.

-¿Cómo distinguir un político psicópata del que no lo es?

-Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa. Puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder, y mucho menos lo delega. Quizás usted recuerde a alguno así? Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría.

-¿Como bajo el efecto de un hechizo, dice usted?

-Son gente subyugada, sí, e incluso puede ser de alto nivel intelectual. Este tipo de líderes no toman a los ciudadanos como personas con derechos: los toman como cosas. Porque el psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las “cosas”, para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utilizan el dinero como un elemento de presión, porque usan la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: ¿cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? ¿Cómo divido?

-¿El clientelismo político es, según usted, una forma de cosificación?

-Sí, porque es un “yo te doy, pero vos me devolvés, venís a tal o cual acto, me respondés como yo te pido”. No es un dar desinteresado ni movido por la sensibilidad de querer ayudar a quien no tiene. Es un uso de las personas para construir el propio poder.

-Eso está claro, pero ¿qué lo definiría como un acto psicopático?

-Que le está quitando a la gente la capacidad de elegir. El psicópata siempre nos deja sin opciones: la gente que manipula está en una desventaja económica tal que no tiene otra salida: o como y lo sigo o no lo sigo y no como. La libertad de las personas es la capacidad de tener alternativas.

-¿El líder psicópata sabe que trabaja para él o cree realmente luchar por una causa superior?

-Es muy difícil entrar en su cabeza. Tienen una lógica muy distinta. Sin embargo, lo crea o no, la bandera que utiliza siempre es suprapersonal, más allá, incluso, de este momento. Esto se ve bastante, también, en líderes religiosos psicópatas, que apelan a la salvación del más allá. Otras banderas pueden ser la apelación al hombre nuevo, el proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria. El psicópata siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar. Y, por supuesto, nunca va a decir: “Vamos a trabajar para mí”.

-¿Qué sucede con este tipo de políticos en períodos normales, sin crisis agudas?

– Bueno, ahí viene el problema, porque el psicópata no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis.

-¿Y este líder no puede cambiar? ¿Aprende de sus errores?

-No. Siempre es igual a sí mismo: la psicopatía es una estructura que no cambia.

-Hasta ahora, los está pintando como seres indestructibles, pero algún talón de Aquiles deben tener. ¿Cuál es ese punto débil?

-La frustración de sus planes. Cuando apuestan por un proyecto, ponen todo en él y no les sale. Ahí, el psicópata se desorganiza y empieza a hacer pavadas. Es una personalidad controladora. Por eso en el momento de la frustración puede tener actitudes absolutamente toscas, torpes. Y en este punto, la gente ve que hace macanas, una detrás de otra, y empieza a quebrarse esa unidad, que consiguió con su persuasión.

-Usted dice que se aferran al poder y que es muy difícil sacarlos. ¿Alguna sugerencia?

-Bueno, hacen falta un montón de líderes de los comunes, normales, o bien otro psicópata pesado que se le contraponga. Entre muchos logran sacar al dirigente psicópata, o, al menos, reducir su poder. Otra cosa es aprender a no elegirlos. El psicópata necesita desestabilizar siempre las cosas, aquí y allá. Por eso necesita fabricar crisis. Si uno va entendiendo cómo es su mecanismo, los puede distinguir y votar por otros líderes, que pueden ser muy carismáticos, incluso, pero no psicopáticos.

-Si algún político psicópata llegara a leer esta entrevista, ¿se reconocería como tal?

-Por supuesto que no. Terminará de leer y les dirá a sus interlocutores: ¡qué barbaridad; cuántos psicópatas hay dando vueltas por el mundo!

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