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Archivo por Mes / noviembre 2009

Olta, el comienzo…

El equipo de la Escuela de Arquitectura de La Rioja, obtuvo el tercer premio.

El equipo de la Escuela de Arquitectura de La Rioja, obtuvo el tercer premio.

El viernes 27 de noviembre se realizó en la ciudad de Olta, la entrega de premios a los equipos de estudiantes ganadores del Concurso Nacional de Ideas Vivienda Joven. Este año fue el décimo y la propuesta fue trabajar en Olta, en la provincia de La Rioja.

El concurso fue organizado por la revista nacional de la construcción Vivienda, llevando a cabo desde hace años una iniciativa muy interesante para estimular la construcción del pensamiento entre los jóvenes, divididos en dos categorías: inicial, para estudiantes del polimodal y superior, para estudiantes universitarios.

Olta es la ciudad cabecera del departamento General Belgrano. Con aproximadamente 8.000 habitantes, se ubica en el centro oriental de la provincia de La Rioja, destacándose por la actividad agrícola y el turismo. Es el “Oasis de los Llanos Riojanos”. Se encuentra en las nacientes de las Sierras de los Llanos, en un bolsón de clima árido, con veranos muy calurosos e inviernos benignos, muy escasas lluvias y a 170 km al sudeste de la capital provincial de La Rioja. Olta y sus alrededores está cargada de historia de caudillos federales que soñaron otro país.

A continuación le brindamos al lector de esta columna los nombres de los integrantes de los equipos ganadores y las instituciones a las que pertenecen:

En el Nivel inicial:
Primer premio:
Gonzalo Zylberman, Jaime Campos Iannacone y Antonella Morinelli, de la Escuela Técnica ORT, con sede en Almagro.
Segundo premio: Mathías Fernández Santivañez del Colegio San José de San Juan.
Tercer premio: Andrés Gómez González, Enzo Martín y Julián Ruarte Bazán, del Colegio San José de San Juan.
Las dos menciones, sin orden de mérito, para el nivel inicial, correspondieron al Colegio San José de San Juan y la Escuela de Educación Técnica de Escobar.

Nivel Superior:
Primer premio:
Erika Chamorro, Christian Díaz, Cristian Garbuglia de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Avellaneda.
Segundo premio: Dario Cohen Imach, Matías Córdoba y Romina Rodriguez Marti de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán.
Tercer premio: Andrea Pastrana González, María Victoria Reinoso y Alex Rodriguez Sarmiento, de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Rioja.
Las dos menciones, sin orden de mérito, para el nivel superior, correspondieron a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán.

Una reserva de argentinidad

El director de la revista Vivienda, arquitecto Daniel Carmuega, dijo en una oportunidad, que lo llevó a organizar estos concursos para alumnos universitarios y de nivel medio, el comprobar que se había producido una fractura entre la universidad y la realidad social argentina.

“El concurso es sólo una excusa para que puedan percibir una realidad muy distinta y proponer ideas”, expresó sentidamente el arquitecto. Y continuó: “Hay una reserva de argentinidad en Olta. Los valores en esta tierra están en la amistad, en el respeto al prójimo. Aquí no hay egoísmos ni consumismo”

Las autoridades que participaron del acto de entrega de premios, representadas por el intendente de Olta y el ministro de Obras Públicas del Gobierno de La Rioja, comprometieron su apoyo para que las ideas formuladas por los jóvenes estudiantes puedan concretarse.

En un medio natural y cultural muy particulares de nuestra geografía argentina, la revista Vivienda hizo su propuesta y los estudiantes la tomaron como un desafío. Seguramente los jóvenes participantes nos demostraron con sus ideas –como lo hicieron con la “Ruta del Adobe” en Catamarca– que todavía es posible otra Argentina.

  • Nov 23 / 2009
  • 3
  • Arquitectura, Cultura, General

Cosecharás tu siembra…

Cierre del año académico 2009 del Taller de Arquitectura V de la Escuela de Arquitectura de la UNLaR.

Cierre del año académico 2009 del Taller de Arquitectura V de la Escuela de Arquitectura de la UNLaR.

Un arquitecto le consulta a un sacerdote amigo sí tiene sentido la existencia de los conventos de clausura. El clérigo le dice que son el tesoro de la iglesia y que “allí los monjes oran por nosotros”
Entonces se pregunta: ¿Qué pasa con el alma de un arquitecto si no hay lugar para la reflexión? ¿No es conveniente plantearse la necesidad de realizar un retiro espiritual?

El arquitecto piensa si no vale la pena comparar a la Escuela de Arquitectura con un convento, como ámbito para la reflexión…

En la Escuela de Arquitectura está la vida académica incontaminada y cristalina. Allí cuidan que no olvidemos a los grandes arquitectos y a los no tan grandes. Allí rescatan del anonimato a los buenos arquitectos desconocidos. Allí está el tesoro de nuestra profesión… Allí “oran” por nosotros… ¿Acaso no es la Escuela de Arquitectura un lugar santo para la arquitectura?…

Quizás sea demasiado idealista la comparación… pero porqué privarse de hacerla en este ámbito maravilloso. Sabemos que las universidades están algo contaminadas y no son del todo cristalinas… Pero el juntarse cada clase, así sea bajo la sombra de algunos de los olivos del campus ¿no es un intento válido el de querer soñar una Escuela de Arquitectura?

Ya lo dijo Frank Lloyd Wrigth en su Escuela de Arquitectura, alejada del mundo académico contemporáneo que fabrica el sistema:
“¿Qué es fundamental para un arquitecto de alma? ¿Qué necesita? Debe tener salud, debe tener fuerza –fuerza de voluntad ante todo– poder intelectual, poder muscular. Debe conocer la vida, y debe conocerla mediante el estudio. ¿Y cómo se logra estudiar la vida de la manera más exitosa y directa? Viviéndola. Vivir la vida… Ustedes tienen la posibilidad de plasmar y determinar la forma de las cosas que vendrán. Ustedes son los cinceladores de formas y los conocedores de formas o no serán arquitectos verdaderos. Pero formar un arquitecto así, lleva tiempo…”

Y para formarse como el arquitecto que propone el maestro moderno, hay que animarse a salir para ver el mundo, a seguir estudiando, a seguir reflexionando, a adquirir experiencia. Y volver… Volver para apostar a la reconstrucción.

Alguien dijo:
“Porque el viaje, como metáfora universal del vivir y de su verdadero significado: en el retorno al hogar, a la patria, adquieren todo su sentido las revelaciones de los forasteros que dicen que la provisional extrañación de lo local y la familiaridad con lo lejano permiten, al regreso, descubrir los elementos originales, universales, necesarios para iniciar la reconstrucción del mundo que nos merecemos vivir…”

Oscar Niemeyer expresó una vez: “cuando la miseria se multiplica y la esperanza huye del hombre… es tiempo de revolución…”

Ustedes, jóvenes estudiantes, podrán producir la revolución entrando fortalecidos al corazón de la miseria de la que habla el arquitecto brasileño. Como aquel caballo que entró en la Troya de la Grecia Antigua.

Ustedes son el futuro de la Escuela. Y ustedes pueden hacer, una vez graduados, que se genere el propósito de compromiso del arquitecto con la ciudad.

Sólo así podrán producir la verdadera Revolución Cultural que soñamos para las Escuelas de Arquitectura.

Diario de viaje: Londres

El capitán Juan Pérez de Zurita, obra del artista plástico londrino Oscar Soria.

El capitán Juan Pérez de Zurita, obra del artista plástico londrino Oscar Soria.

Apenas cinco años después de la fundación de Santiago del Estero, se levantó la primera ciudad en territorio catamarqueño. El 24 de junio de 1558, el capitán Juan Pérez de Zurita fundó Londres de la Nueva Inglaterra, en el Valle del Quimivil.

Cuando visitamos Londres y nos tomamos una fotografía junto a la estatua del fundador de una de las primeras ciudades del país –obra del artista plástico londrino Oscar Soria– nos embarga una gran sorpresa al comprender la larga historia que tenemos para contar y más aun cuando recorremos el sitio arqueológico inca “El Shinkal”

Londres, un nombre tan imponente e importante… Al caminar por el silencio de sus calles y ver las ruinas de sus casonas abandonadas… no comprendemos la relación de un nombre tan majestuoso, con un paisaje tan pintoresco. Casonas imponentes que se aprietan en un estrecho camino… La primera impresión del visitante será la de pensar en su pasado y reflexionar en voz alta: “algo pasó aquí hace 450 años…”

Los catamarqueños no podemos imaginar la fundación de la ciudad capital de la provincia, sin tener presente a Londres. Ésta sufrió sucesivos traslados hasta asentarse en el Valle Central, según lo podemos leer en el trabajo de investigación “La ciudad y su fundador”, publicado por la Municipalidad de SFVC.

Los historiadores Trettel de Varela, Moreno y Gershani Oviedo –autores de la publicación– sostienen que “hay que comprender que la historia de San Fernando del Valle de Catamarca es la de una ciudad que nació con historia” y citan a un cronista llamado Pedro Lozano, que caracterizó a Londres como la casi “portátil ciudad que no acaba de arraigarse en lugar alguno…”

Visitando Londres y tomándome una fotografía junto a la estatua de su fundador, me puse a meditar sobre la poca importancia que le damos a estos acontecimientos. Éstos son vitales para desarrollar una actividad productiva tan importante para esta región, como el turismo.

Si uno recorre la plaza de Londres, que recuerda la fundación, no se encuentra con un espacio público que revele el carácter simbólico que significa para Catamarca. Un lugar totalmente devaluado, sin referencia alguna a los momentos históricos vividos.

Es muy fuerte cuando nos damos cuenta que Londres está ubicada en una ruta estratégica para el turismo, como lo es la 40, y sobre todo en un lugar muy especial: “la entrada a los Valle Calchaquíes”

Sigue el viaje por Belén

Cuando uno visita la ciudad próxima se siente como una gran desolación al ver que no se concretan muchos de los sueños que tienen los lugareños para el turismo.

Por caso, el Centro de Información Turística de Belén, inaugurado a comienzos de este año, transformó su Centro de Interpretación en una oficina pública municipal más, que alberga a una docena de agentes.

El mencionado centro, previsto en la planta baja del edificio, era un espacio pensado para que el visitante, al llegar a la ciudad, pudiera tener –con las herramientas audiovisuales del momento– una idea de Belén y sus zonas de influencia.

En la planta alta estaba previsto el “lugar para pensar turísticamente Belén” con un equipamiento informático que facilitaría la tarea a los jóvenes soñadores de su querida tierra.

Cuando uno recorre Londres–Belén–ruta 40, comprende que mucha gente se siente aislada, que ya casi no tiene ganas de soñar. Sin embargo, tiene un potencial turístico increíble, que seguramente despertará cuando nos emancipemos de las divisiones estériles, fomentadas sobre todo por algunas políticas demagógicas…

Deberíamos encontrarnos con decenas de micro-emprendimientos turísticos que conformen una red con presencia nacional, ya que los pocos que existen no parecen tener relación alguna y subsisten gracias al esfuerzo de quienes lo conducen.

  • Nov 09 / 2009
  • 0
  • Ciudad, Cultura, General

Berlín y su muro

La construcción del muro en 1961 dividiendo a lo largo la calle de la ciudad. Para un país la calzada y para el otro la acera…

Octubre de 1989 no era el mejor momento para entrar en coma si vivías en Alemania Oriental y eso es precisamente lo que le ocurre a la madre de Alex, una mujer orgullosa de sus ideas socialistas. Alex se ve envuelto en una complicada situación cuando su madre despierta de repente ocho meses después. Ninguna otra cosa podría afectar tanto a su madre como la caída del Muro de Berlín y el triunfo del capitalismo en su amada Alemania Oriental. Para salvar a su madre, Alex convierte el departamento familiar en una isla anclada en el pasado, una especie de museo del socialismo en el que su madre vive cómodamente creyendo que nada ha cambiado. Lo que empieza como una pequeña mentira piadosa se convierte en una gran estafa cuando la hermana de Alex y algunos vecinos se encargan de mantener la farsa para que la madre de Alex siga creyendo que al final ¡Lenin venció!

Contarles hoy a los veinteañeros este argumento que acaban de leer en el párrafo anterior y que corresponde a la película “Good Bye Lenin”, del director Wolfgang Becker filmada en 2003, suena al género de la comedia, cuando en realidad fue una tragedia. Que en una ciudad exista un muro que la divida por la mitad, podría moverlos a una risa descarada por lo ridículo que supondría la sola idea de hacerlo… Pero, trágicamente, fue cierto. La locura de los políticos, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, los llevó a partir una ciudad al medio, algo que hoy parece literalmente: absurdo.

Berlín, fundada en 1237, está localizada al noreste del país, a escasos 70 km de la frontera con Polonia y está atravesada por los ríos Spree y Havel. Después de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue dividida; la parte este se convirtió en la capital de Alemania Oriental, mientras que la parte oeste se convirtió en un enclave de la Alemania Occidental.

En 1961, la Alemania del Este construyó el denominado muro de Berlín para separar las dos partes de la ciudad, y de hecho para aislar a Berlín Oeste, con el fin de acabar con la emigración de alemanes del este hacia el oeste. El muro, que contaba con un total de 144 km, fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la partición de Alemania. Muchas personas murieron en el intento de superar la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la Alemania comunista cuando se dirigían al sector occidental.

Gracias a la “blandura” de Gorbachov, los berlineses se animaron a derribar la pared que separaba física y emocionalmente a su ciudad. Muchos nos conmovimos al ver por la televisión a familias enteras reencontrarse después de décadas de separación obligada.

Durante muchos años nos contaron la historia de que Berlín Oeste era el ejemplo de la ciudad moderna y pujante, con una arquitectura contemporánea en acero y vidrio, dejando sólo algunas ruinas de los edificios bombardeados como ejemplo de lo que pasa cuando nos sometemos a la estupidez de una guerra.

Pero el autor de esta nota debe confesarles también que, al ver la ciudad comunista, una vez derribado el muro, quedó sorprendido gratamente de su arquitectura absolutamente restaurada de las ruinas, después de la Gran Guerra; comprendiendo que la Berlín del Este, por el sólo hecho de ser socialista, no era el mal ejemplo.

El siglo XX terminó aquel 9 de noviembre de 1989. La imagen de los berlineses derribando las paredes de la insensatez, jamás podrán borrarse de nuestras mentes.

Diario de viaje: Rosario

La costa de Rosario, vista desde el Paseo del Caminante.

La costa de Rosario, vista desde el Paseo del Caminante.

Luego de finalizada la Arquisur, en la ciudad de Santa Fe –comentada la semana pasada en esta columna– un grupo de amigos decidimos hacernos una escapada a la ciudad de Rosario. Siempre es agradable volver a “sentir” esta ciudad que está a orillas del Paraná.

Por sugerencia de la arquitecta Silvana Codina –esposa del gobernador de la provincia de Santa Fe, Dr. Hermes Binner– iniciamos el recorrido de la ciudad por la orilla del río Paraná, desde el puente Rosario-Victoria hasta el Monumento a la Bandera.

Caminando por la costa –de norte a sur– pudimos ver el resultado conseguido por los vecinos que viven y disfrutan de una manera distinta su ciudad, en la que, hasta los taxistas son distintos por su calidad en el trato a los visitantes.

Justo en la zona en que se encuentra el puente, mencionado en un párrafo anterior, tomé la fotografía que puede ver el lector en esta entrada. Aquí se comprueba que Rosario no sería lo que es, sin su rio. Hace un tiempo decidieron recuperarlo y toda la vida de la ciudad se vuelca al agua. El perfil de la costa señala esta actitud.

Uno puede tomarse todo un día en este recorrido costero y encontrarse con una serie de espacios públicos abiertos que hacen agradable la vida. Es un verdadero parque lineal a lo largo del rio, como se da en aquellas ciudades que se desarrollan en la costa marítima o en aquellas urbes que se extienden tomando una cota de la montaña para “balconear” a la maravillosa vista que les regala.

Si alguien se sienta a la hora del almuerzo en una terraza, para disfrutar del pescado fresco del día, puede ver, a la vez, los barcos que avanzan por el río llevando la carga de lo producido en nuestro país y a la gente haciendo actividad física por los caminos de la orilla.

La costa no es siempre la misma para el visitante. Uno puede encontrase con el Complejo Turístico Costa Alta; el Paseo del Caminante; el Balneario La Florida (con su versión paga); el Balneario Catalunya y una vez atravesado el Parque Alem y la cancha de Rosario Central, llegar a una zona consolidada con anterioridad.

Este otro sector de la costa comienza con el Museo de Arte Contemporáneo, que puede divisarse fácilmente por los silos reciclados en color pastel. Se hace inevitable una parada en el bar del museo, justo mismo en la barranca del río. Es un placer sentarse al atardecer para ver el moderno puente, a lo lejos, y la gente joven que sale del museo, cerca, mientras pasan los barcos cargados al puerto.

A partir de aquí, el parque tradicional, como lo conocemos –esto es: césped, árboles y caminerías– se mezclan con los viejos galpones de la estación de trenes, que se transformaron en espacios para la gastronomía y el disfrute del río.

Superados ya, en el recorrido de a pie, la Isla de los Inventos y el Parque de España (del arquitecto catalán Oriol Bohigas), nos dirigimos a nuestro destino final: el Monumento Nacional a la Bandera. Recorrer su plaza seca, embarga de emoción a cualquier argentino que la visita.

Hay mucho para ver en Rosario: sus espléndidas calles peatonales, los parques urbanos y muy buenos edificios realizados por arquitectos reconocidos mundialmente. Pero lo que más llama la atención es su costa y la idea de continuar con su recuperación.

Me quedo con la reflexión en voz alta de un taxista –filósofos de la vida de cualquier ciudad– que sueña con que Rosario sea por fin una ciudad autónoma. Su tesis se basa en que la ciudad de Santa Fe es burócrata y chata, en cambio Rosario es emprendedora y pujante, gracias a su gente que tiene una sensibilidad muy especial…

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