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Una ciudad tomada por los automóviles

Nota publicada en el diario El Esquiú el sábado 1 de agosto de 2020.

En estos días leímos por las redes sociales algunas declaraciones del intendente de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, Gustavo Saadi, quien dijo, textual: “tenemos una ciudad tomada por los automóviles”.

No tengo registro que un intendente de esta ciudad haya dicho algo tan categórico con respecto a un paradigma de movilidad que ya forma parte del siglo XX: el desplazamiento en automóvil por nuestras calles del área central.

Últimamente podemos ver por los entornos virtuales a Salvador Rueda, quien expone su idea sobre la ecología urbana, generando un interesante debate. Este intelectual catalán es muy reconocido en los ámbitos académicos y queremos traerlo a esta columna para que sepamos qué piensa sobre la movilidad en las ciudades contemporáneas. Rueda es un especialista en mirar a la ciudad como un ecosistema y trabaja en varios proyectos estratégicos destinados a reorientar las ciudades hacia un modelo más sostenible.

Salvador Rueda, viene de lo que el imaginario llama “una sociedad desarrollada”. Pero aún así choca con intereses creados que quieren tirar por tierra su idea de entender a la ciudad como un ecosistema. El catalán señala que los medios de comunicación están manejados por la industria automotriz y que resulta muy difícil instalar el mensaje del necesario cambio que debemos producir en nuestros cerebros.

A la ciudad hay que verla como un sistema complejo, no solamente considerando sus aspectos funcionales. Si nosotros logramos descifrar esto nos resultará muy fácil llegar a consensos para entender el problema de la movilidad de manera holística.

Justificamos el uso del automóvil (hasta para llegar a la puerta de la escuela para dejar a nuestros hijos), porque lo tenemos metido en la cabeza. No nos animamos a poner en práctica la idea de dejar el auto a varias cuadras y caminar con los chicos hasta la escuela, generando en ellos y ellas el hábito. Es un gran esfuerzo, ¡claro!, pero hay que empezar a administrar los tiempos y los modos que tenemos internalizados. Deberíamos aprender a desaprender viejas prácticas.

Lo que manifiesta el intendente es que la ciudad es “nuestra casa” y no es la “casa de los automóviles”. Según él, por nuestras calles circulan casi cien mil autos y setenta mil motocicletas; en una ciudad a escala de la nuestra, es mucho. Deberíamos dejar lugar al peatón, al ciclista y al transporte público, que nos permita tener una mejor calidad de vida.

La actividad económica del área central mejoraría sustancialmente al desalentar que el auto ingrese como lo hace ahora. El turismo urbano se vería potenciado. Hay que pensar que el turista viene a vivir la experiencia de nuestra cultura urbana, a ver la naturaleza que está presente en cada esquina de nuestra ciudad, siempre como un telón de fondo.

La ciudad está para vivirla y el espacio público está, también, para vivirlo y disfrutarlo. ¿Cuántos metros cuadrados estamos dispuestos a incorporar en nuestra ciudad permitiendo que el protagonista sea el ciudadano de a pie, quien humaniza nuestras calles?

Ya hemos tratado en este espacio de opinión, la necesidad de una mirada resiliente para la resolución de los problemas de nuestro Territorio. El modelo de ciudad que planteó el arquitecto Luis Caravati, podemos adaptarlo a nuestros tiempos. En la década de los ochenta los arquitectos Eduardo Sarrahil y Rubén Gazzoli (en el Plan de Ordenamiento Territorial para el Gran Catamarca), trazaban para el área central de nuestra ciudad más Humanidad, recuperando el concepto de vida de los corazones de manzana, que Caravati tenía presente de las costumbres de los vecinos de Las Chacras.

Esperemos que el intendente y su equipo técnico sigan alentándose mutuamente en la idea de continuar este desafiante camino y que los dueños de las concesionarias de autos y playas de estacionamiento acompañen el proceso. Pero el interrogante es: ¿nuestra sociedad está preparada para impedir que la ciudad continúe tomada por el automóvil?

Por Basilio Bomczuk

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