::: MENÚ :::

Categoría / Ciudad

  • Feb 05 / 2009
  • 0
  • Ciudad, General, Turismo

¡Qué bueno… hay carteles!

Los carteles pequeños, a escala del peatón.

Los carteles pequeños, a escala del peatón.

Unos amigos me comentaron en una oportunidad, que vivieron una grata experiencia visitando la ciudad de Paraná. “Mientras caminás por esa hermosa ciudad, podés aprehenderla…”, me dijeron. Al recorrer sus calles, no dudaron en exclamar: “¡Qué bueno… hay carteles!”

Y es que en todos los edificios –de una arquitectura neoclásica increíble– y en sus calles –con perspectivas impresionantes– se levantan estratégicamente carteles que “cuentan” qué estás viendo.

Ellos me cuentan que los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en la Batalla de Caseros y la posterior jura de la Constitución, en Santa Fe en 1853, convirtieron a Paraná, a partir del 24 de marzo de 1854, en Capital de la Confederación Argentina.

La separación de Buenos Aires de la Confederación impidió que se estableciera en ella el Gobierno Nacional. Paraná fue designada entonces Capital de la Confederación y se transformó en centro político y cultural de importancia. La población aumentó con el aporte de los hombres, que representando a sus provincias, se instalaron en Entre Ríos. Solo existían para ese entonces el teatro, algunas casas de azotea, y otras de paja que alternaban en las dos cuadras de edificación que rodeaban a la plaza, el resto de la población se encontraba muy diseminada. Solo estaba la plaza del centro y otra más. Esta conmoción ciudadana exigió un ordenamiento de la estructura y de la actividad: se debió dar nombre a las calles y número a las casas, ensanchar las angostas calles y las veredas.

Cuatro años después de la instalación de la Confederación Argentina todo cambió: se habían levantado casas de más de una planta y las calles habían sido empedradas. Como actividad comercial pueden tenerse en cuenta los hornos de cal, de baldosas, de ladrillos y de muebles, así como también una curtiembre. Esta ciudad convivió con los ciudadanos venidos de distintas partes del mundo para hacer de relojeros, afinadores de pianos, sastres, cocheros o cocineros. Se desarrolló una intensa actividad cultural en la que los periódicos tuvieron una efectiva participación, como El Nacional, El Argentino, La Voz del Pueblo, entre otros.

Como resultado de la Batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861, Paraná dejó de ser una ciudad capital de país, hasta que en 1883 fue declarada capital de la provincia de Entre Ríos nuevamente.
Al recorrer la ciudad de Paraná leyendo los carteles, mis amigos quedaron maravillados de verla con otros ojos y haber aprendido un poco de la historia con esos testigos mudos que son los edificios.

En nuestra ciudad

Los carteles grandes, a escala del automovilista.

Los carteles grandes, a escala del automovilista.

Siempre pensamos que en materia turística todavía nos falta mucho. Coincido con el lector que debe estar asintiendo con su cabeza en este momento. Pero seguramente notarán un cambio positivo en nuestra ciudad. Son precisamente –pensando en la ciudad de Paraná y la experiencia de mis amigos– los carteles que de a poco van apareciendo en nuestra ciudad. En las fotografías que ilustran esta nota, se pueden apreciar los dos tipos de cartelería que están instalando en nuestras calles. Los pequeños con un diseño muy simple y uniforme, ubicados generalmente en el frente de un edificio y los grandes, ubicados en espacios públicos abiertos.

Los carteles de las veredas pueden ser visualizados sin causar molestias a los peatones o ensuciar el entorno urbano. Por un lado, están los que conforman el Circuito Luis Caravati, que incluyen los edificios más importantes de la ciudad, proyectados, construidos o intervenidos por el gran arquitecto milanés, en el siglo XIX. Por otro lado, los de carácter histórico, relacionados a la época de oro de la educación catamarqueña que incluyen los antiguos establecimientos escolares del centro. Los textos relacionados con la arqueología y la naturaleza están anclados en la visión de estudiosos y pensadores como Adán Quiroga y Lafone Quevedo.

La iniciativa, que partió del Instituto Municipal de Turismo, merece el reconocimiento de los vecinos de esta ciudad. Por lo tanto debemos cuidarlos, impedir que sean destruidos. Aparentemente, los carteles han sido adoptados por la gente, ya que muy pocos sufrieron las consecuencias del vandalismo.

Los carteles están plantados allí para que los turistas que nos visitan se enteren de la ciudad en la que vivimos. Pero fundamentalmente, son para nosotros. Para que, al leerlos, nos demos cuenta que tenemos una historia interesante para contar y fundamentalmente para valorarnos y querernos un poco más en esta ciudad con nombre español (San Fernando) y apellido indígena (Catamarca)

  • Ene 30 / 2009
  • 12
  • Ciudad, Cultura, General

¿Cuál es el rol del concejal?

La escuela de Atenas, una de las pinturas más famosas del artista Rafael Sanzio. En ella se muestra a Platón con el dedo señalando al cielo, en la que hace referencia a la Teoría de las Ideas, y a Aristóteles, en el que señala con su dedo a la tierra, como muestra de su idea opuesta con la de Platón.

La escuela de Atenas, una de las pinturas más famosas del artista Rafael Sanzio. En ella se muestra a Platón con el dedo señalando al cielo, en la que hace referencia a la Teoría de las Ideas, y a Aristóteles, en el que señala con su dedo a la tierra, como muestra de su idea opuesta con la de Platón.

En una sociedad participativa es normal pensar que uno de los honores más grandes que puede tener un vecino es llegar a ser elegido concejal de su ciudad. Quizás todos tendríamos que servir en nuestras ciudades haciendo alguna tarea que promueva la participación y la construcción de ciudadanía.

Uno de los derechos y obligaciones que tenemos en nuestras ciudades es la de participar en las decisiones que nos involucran a todos en la cosa pública. Los vecinos no podemos, por una cuestión de organización, juntarnos todos y someter a una votación directa cada semana los asuntos de la ciudad. Por eso delegamos, a través de nuestro voto, la noble tarea de legislar en las ciudades.

En los tiempos en los que vivimos estaría bueno, desde los foros organizados a tal fin, reflexionar un poco sobre cuál es el verdadero rol del concejal en la gestión local contemporánea.

Cuando escuchamos la tarea que llevan a cabo los concejales cada día en nuestras ciudades, es obvio suponer que la gente se pregunte ¿para qué están? Tal vez los concejales no se valoran en su real dimensión…

Algunos especialistas en estos temas señalaron en varias oportunidades que los concejales tienen una baja estima entre ellos y que por ello se desvalorizan con sus acciones. Muchas veces no saben cómo encarar una gestión determinada y sienten angustia de ver que la gente no valora lo que hacen.

Su función no es solamente poner nombres a las calles o ayudar a los vecinos a conseguir una ayuda social. Es bueno aclarar que esto último no está mal, pero lo correcto es suponer que los concejales están para actividades que tienen una gran relevancia en la vida democrática de las ciudades.

Según la opinión de muchos vecinos, los concejales están para grandes obras. Una de ellas y tal vez la más trascendental es la de construir ciudadanía.

Como decía en una oportunidad el ex concejal por la ciudad de Catamarca Luís Andraca: “la gente no sabe muy bien que hace un concejal y su función indelegable es la de construir ciudadanía” Agregando enseguida que: “la construcción de ciudadanía pasa por la labor legislativa, por el contralor de las estructuras legislativas, por la discusión de los temas públicos”

Entonces volvemos a preguntarnos ¿cuál es el rol legislativo del concejal? ¿Cuál es el papel del concejal en la democracia moderna? Seguramente tiene que ver con el surgimiento de mecanismos participativos y la tensión que generan sobre la legitimidad de las instituciones representativas.

El Concejo Deliberante de cualquier ciudad tiene que hacer un control de la gestión, mirar qué hace el ejecutivo municipal, tener un indicador para medir la calidad de gestión del intendente. Tiene un papel fundamental a cumplir con la educación del ciudadano y un gran trabajo con la prensa en este campo.
No sólo es presentar la mayor cantidad posible de proyectos para competir en un ranking, sino que deben mejorar la calidad del Concejo Deliberante.

Los concejales deben construir ciudadanía promoviendo la participación ciudadana. La gente necesita recuperar la confianza en ellos, necesitan ver continuidad en sus actos. ¿Vamos por el mismo camino los ciudadanos y los políticos? Cuestionarse todo esto nos puede llevar a revalorizar la política.

Escuela de Concejales

Una actividad fundamental que podría implementarse en la provincia es la creación de una Escuela de Concejales. Esta sería sumamente útil para comenzar a pensar con una mentalidad superadora el papel del concejal en la democracia moderna. Una escuela creada a tal fin por ellos mismos.

Una escuela que les permita formarse e informarse para llevar a cabo una mejor gestión, creando un círculo virtuoso con los vecinos en la construcción de ciudadanía, tan importante para la vida democrática de las ciudades.

Los concejales pueden legislar y controlar los gobiernos en nuevos campos como el cuidado del medio ambiente, la seguridad ciudadana y la protección de los derechos humanos, la promoción económica, la defensa del consumidor, el acceso a la justicia y ayudar a la resolución de conflictos locales, la promoción social, etc.

Un aspecto fundamental a tener en cuenta es que se involucren en los temas de la deficiente o inexistente planificación urbana. Deben propender a exigir al ejecutivo municipal de cada ciudad a cumplir con un plan urbano ambiental y a hacer un seguimiento implacable del mismo.

Otro punto a tener en cuenta por parte de los concejales, sería transmitir en su totalidad las sesiones deliberativas ya sea por radio, televisión o usando la poderosísima herramienta de Internet. Esto hablaría bien de ellos y ayudaría mucho en todo este proceso participativo del que hablamos.

En la Grecia Antigua el dolor más terrible que le podía suceder a un ciudadano era el de ser desterrado, perder su ciudadanía, no poder participar de las discusiones en el ágora. Qué lejos estamos de participar de los temas de la cosa pública. Quizás aquí está la cuestión, por ello tenemos estos representantes en nuestras ciudades. Debemos ayudarles, cambiando nuestra actitud como ciudadanos. Si nos involucramos en las decisiones, en un tiempo no muy lejano, tendremos otras ciudades… otro país.

  • Ene 22 / 2009
  • 1
  • Ciudad, General

No sin mi coche

El coche forma parte de nosotros

El coche forma parte de nosotros

Transcribimos un artículo del periodista experto en Sociedad de la Información, Javier Castañeda. Él escribe su columna Patologías Urbanas (ecografía de una sociedad desestructurada) en el diario catalán La Vanguardia.

«Vas en coche hasta a por el pan». Durante años, esta expresión fue muy común y, pese a que hoy cueste creerlo, no sonaba del todo a reproche. Hubo un tiempo en que el culto al coche ganaba por goleada al culto al cuerpo. Sus propietarios lo usaban con fruición y además, presumían de ello. La llegada de los coches a la clase media, uno de los clásicos del landismo, fue recibida por la sociedad con toda suerte de alharacas.

Obviamente eran otros tiempos, herencia de un siglo pasado. Entonces no había Internet y las modas se importaban directamente –y sin cuestionar- de Estados Unidos, donde entonces brillaban los frutos del Fordismo y refulgía por excelencia la industria automovilística. Desde entonces no ha pasado tanto tiempo, pero sí muchas cosas que han hecho que el cuento cambie radicalmente. Pese a que en el SXXI aún los coches gozan de millones de adeptos, su industria se tambalea y zozobra. Recuerdo con perfecta nitidez como hace sólo un par de décadas, el sueño de la mayoría de los jóvenes era comprarse un coche. Se endeudaban hasta las cejas con tal de ponerse al volante de cualquier cosa que tuviera motor. Actualmente, y aunque aún hay fetichistas de las cuatro ruedas, seguro que si preguntamos de nuevo a los jóvenes de hoy, muchos ya no tendrán como prioridad tener un coche: ni inmediata, ni mediatamente.

¿Qué ha pasado en tan poco tiempo? Pues para empezar, que los coches ya están –prácticamente- al alcance de cualquiera, lo que les ha hecho perder parte de su encanto. Ya no es tan cool hipotecarse varios años simplemente para hacer rugir un motor: ni pone como antaño, ni tiene tanto glamour, porque ahora los jóvenes –o muchos de ellos- son verdes. Afortunadamente, y aunque no al mismo ritmo, a la par que los niveles de calentamiento crecen por todo el planeta, también aumenta la conciencia ecológica de muchos de sus habitantes que, prefieren caminar, patinar, ir bici o en tren. Podría decirse que es uno de los pocos casos en los que la era de la comodidad en la que nos hallamos instalados, ofrece un atisbo de renuncia a lo fácil en aras de lo verde.

Por un lado, ha aumentado la conciencia. El planeta tiene recursos energéticos cada vez más escasos y, todo lo que sea reducir el consumo –en general- y el de los derivados de petróleo al usar otro tipo de energías alternativas, será bienvenido. Conscientes del alto impacto ecológico que supone moverse en coche, cada vez más gente apuesta por otros medios de transporte. Asimismo, ha aumentado el interés porque el agujero de la capa de ozono deje de crecer y cada vez más la gente lo asume como una responsabilidad directa. Siempre habrá quién piense que es un problema macro y que de poco sirve actuar a nivel micro, pero, quizá como nos recuerda el movimiento «Vamos a cambiar el mundo», la fórmula «pequeñas acciones x mucha gente = grandes cambios». En definitiva, creo que todo el mundo estará de acuerdo en que al igual que «somos lo que comemos» y también «lo que pensamos», del mismo modo «somos lo que hacemos» (we are what we do).

Cada vez son más los que se apuntan -abiertamente y sin mayor problema- a una cierta dosis de austeridad a la hora de consumir recursos globales. Así, llegamos a realidades que identifican nuevas formas de desplazarse en aras de una «movilidad personal» mucho más sostenible. Los motivos pueden ser de lo más variado: habrá quien prefiera caminar antes que subirse a un coche para intentar que el mar no suba un metro, ya que, tal y como vaticinan algunos expertos, sería una verdadera catástrofe. Otros, simplemente, prefieren rescatar el placer de pasear y aprovechan sus trayectos para ir a pie, a fin de introducir algo de ejercicio en una vida hipersedentaria; una tendencia que persigue recuperar al peatón como protagonista de los espacios urbanos. Por último -y quizá los más avezados- están los que quieren minimizar sus huellas al máximo, para intentar llegar a una vida sin impacto ecológico. Sea como fuere, tal y como sugiere el periodista Jesús García, el objetivo final debería ser «lograr que las ciudades sean más amables para el ciudadano». Y según recoge la Estrategia de Cambio Climático, «el transporte colectivo y la bicicleta deben acabar con el reinado del coche». Amén.

Servicios humanos

Los patios de las viejas casonas en SFVC. Para explotar turísticamente.

Los patios de las viejas casonas en SFVC. Para explotar turísticamente.

Cuando visitamos una ciudad por primera vez y buscamos alojamiento, preguntamos por sus hoteles y los precios. Si existen uno o varios establecimientos de cinco estrellas, entendemos la importancia de la ciudad en la región y nos preguntamos cómo hicieron para posicionarse en el turismo. Pero hoy en día existen otros tipos de alojamiento que no son cinco estrellas, que sin embargo, tienen características de excelencia.

Quien escribe estas líneas, tuvo la oportunidad de visitar, hace un tiempo (gracias a una iniciativa de la Secretaría de Turismo de la Provincia y el Consejo Federal de Inversiones), una serie de establecimientos para alojar turistas en el norte argentino.

Allí pudimos ver unos emprendimientos llamados “hoteles boutique”, que no eran precisamente “cinco estrellas” (el ideal de cualquier turista) sino más bien pequeños establecimientos, que si merecerían llevarse seis estrellas.

Estas posadas son el futuro para un buen servicio turístico. Es aquí donde el Estado tendría que poner el acento en propiciar la generación de más camas para el turista, en las ciudades de nuestra geografía.

El Estado no puede hacerse cargo de un hotel, esto llevará indefectiblemente al fracaso. Nadie mejor que los pequeños emprendedores están capacitados para realizar esta actividad.

Mucha gente, con una gran vocación de servicio, no llega a cumplir con los requisitos que las reglas económicas plantean. No alcanzan a poder demostrar con qué recursos responderán a un crédito.

Pero, debería existir la posibilidad de replantearse desde los organismos de conducción, la sensibilidad y el sentido común sobre cómo evaluar la capacidad económica de mucha gente que seguramente sí responderá, ya que tienen aptitudes y actitudes de sobra para encarar una actividad de esta naturaleza.

No cualquiera está capacitado para ser anfitrión en un servicio turístico. A la gente que visita un lugar, hay que atenderlos, prestarles atención, darles de comer, guiarlos, contenerlos, mimarlos… Les aseguro que es todo un arte…

Quiero recordar en esta columna a Audrey, una francesa, que con su esposo, ofrecen con excelente atención su gastronomía en Fiambalá. Ellos sí tienen esa vocación, pero muchas veces chocaron contra las “reglas” impuestas por la hipocresía del sistema, al plantear su proyecto de inversión. Como el caso de esta agradable pareja, seguramente existen otros.

Alojamiento en las viejas casonas con sus corazones de manzana

Sólo hace falta un poco de imaginación y permitirle a la creatividad jugar su juego… En SFVC existen los corazones de manzana (hoy zonas muertas) que tienen un gran potencial para brindar servicios turísticos.

No olvidemos que en el siglo XIX (según los que estudian nuestra historia), los centros de manzana eran atravesados por canales de riego que bajaban de la zona alta y que servían para dar vida a los huertos y árboles frutales que se plantaban allí. Había vida. Y perfectamente hoy podríamos otorgarles vida nuevamente, hilvanando las calles del centro con estos corazones, creando un subsistema que los comunique. La vida de la ciudad podría estar allí latente.

Las viejas casonas podrían transformarse en alojamientos “boutique” para delicia del turismo. ¿Es qué será mucha la inversión necesaria para conseguir este objetivo? Quizás, sólo es “creatividad” ¡Sería una propuesta distinta en el norte y una maravilla para el turismo!

No existe una verdad única

Unos amigos que fueron de vacaciones a Brasil, me contaban a su regreso que éste país, en los últimos tiempos, creó cerca de 150.000 nuevas camas para recibir turistas. Pero el dato interesante y que debe llevarnos a reflexionar, comentaban, es que las tres cuartas partes de estas nuevas camas, corresponden a pequeños emprendimientos del tipo “pousadas”.

En nuestros pagos, es hora de terminar con desencuentros verbales bajos, desagradables y mezquinos, que sólo reflejan inseguridad. De una vez por todas, el Estado y los privados “se tienen que poner las pilas” para hacer de Catamarca, con un trabajo constante a lo largo del tiempo, un destino turístico y permitir de esta manera que la gente tenga una mejor calidad de vida, gracias a las fuentes de trabajo que se generen… y que los lleve a ser felices.

Lamentablemente (para algunos) y felizmente (para otros) aquí nadie tiene la verdad absoluta en materia turística. Existen muchas verdades… humanas y sensibles. Habrá que ver si la noble actividad política toma cartas en el asunto, ya que lo reclama la ciudadanía con sus impotentes reflexiones desde el llano…

Falta de criterio…

Como todos los veranos, los que vivimos entre montañas, tenemos la posibilidad de recorrer las villas turísticas que están cerca de SFVC buscando el fresco. Un caso es La Puerta, en el departamento Ambato.

Como todas estas villas, La Puerta de Ambato se caracteriza por la beleza de su paisaje, el verde, el río y sus calles tranquilas y que invitan a caminar por ellas y deleitarse con el sonido de los pájaros…

Esto hacía, seguramente, el arquitecto Martín Bormann cuando descubrió, para su asombro, que la plaza del pueblo había sido invadida por «quinchos». Transcribo lo que me envió a mi correo el arquitecto amigo, ya que vale la pena publicarlo como una entrada y no solo como un comentario más.  Aquí va:

Hola Basilio, te escribo para comentarte y mostrarte una intervencion que han realizado en una localidad del interior, mas precisamente La Puerta y que todavia no salgo del asombro.
En la plaza central de la localidad han construido toda clase de estructuras de quinchos de todos los tamaños y para varias funciones y hasta un escenario techado…..que nivel!!!!
Lo bueno de esta intervencion es que algunas estructuras han «respetado» el eje de la iglesia «reforzando la perspectiva» hacia la misma. Tambien toman algunos elementos de esta para construir estas interesantes estructuras. Todas estas intervenciones le dan un marco interesante a la iglesia ya que pasaba totalmente desapercibida. Tambien queria agregar que al ingresar a la plaza a uno le da la sensacion de estar en cualquier complejo de la costa brasileña. No dejes de visitar esta villa veraniega que nos ha asombrado a todos…
Saludos. Martin

Agradecemos al arquitecto su observación.

Lamentablemente estas cosas ocurren sin control alguno. Comentan que la iglesia que aparece en la fotografía fue construida por Caravati. ¿Será verdad? pero lo cierto es que el intendente no puede permitir que algo así sea ubicado en el paseo principal. La plaza ha sido «invadida» ¿No hay alguien en el municipio o en las oficinas de la provincia o del Colegio de Arquitectos que diga algo? Como decía Sacriste: «asi estamos…»

Y aquí van las fotos…

A esta foto Bormann la titula: "el escenario mayor"

A esta foto Bormann la titula: "el escenario mayor"

Aqui vemos como se "respetó el eje" segun el arquitecto.

Aqui vemos como se "respetó el eje" segun el arquitecto.

El contraste...

El contraste...

Recibí las últimas noticias en tu e-mail SUSCRIBIRSE