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Categoría / Ciudad

  • Oct 23 / 2008
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  • Ciudad, General, Turismo

Dirigentes anfitriones

La concientización turística comienza por los dirigentes.

La concientización turística comienza por los dirigentes.

En el mes de mayo pasado participaron del taller “Buenos Anfitriones Turísticos” funcionarios y concejales de la Municipalidad y del Concejo Deliberante de la ciudad de SFVC, con el Intendente a la cabeza y dirigentes de las instituciones que agrupan a los empresarios del turismo local.

Desde hacía casi dos meses se venía dictando este taller a estudiantes del polimodal, taxistas y ahora se incorporó el personal que trabaja en bares, restoranes y hoteles. El objetivo es extenderlo a estudiantes de otros niveles educativos y además a agentes de tránsito y playeros de estaciones de servicio, entre otros.

La idea surge después de los comentarios vertidos en esta columna sobre el trabajo de concientización turística que llevaron a cabo en la ciudad de Curitiba y que convirtieron a ésta, en un ejemplo turístico de América del Sur.

Las personas que participan del taller comienzan contando sus vivencias como turistas. Esto se convierte en el detonante para reflexionar durante casi dos horas –con un corte en el medio para tomar un café– sobre cómo podemos transformarnos en anfitriones turísticos de nuestra ciudad.

En esta ocasión los dirigentes, además de hacer el taller en su totalidad, escucharon la grabación de testimonios de otros participantes, compartieron las anécdotas de dos taxistas que contaron qué opinan los turistas cuando se van de nuestra ciudad camino al aeropuerto o la terminal de ómnibus y vieron en imágenes a la gente que concurre a los talleres. Pudieron comprobar las expresiones en las caras de las personas cuando entran y cuando salen del taller. Claro está que cambian las mismas, ya que demuestran alegría y satisfacción al ver la ciudad con otros ojos.

Y es que ahí está el secreto de la concientización en nuestra ciudad. Aprender a ver, a mirar el paisaje natural y cultural que tenemos. Muchos vecinos se trasladan por la ciudad sin saber que contamos con una hermosa geografía y un valioso patrimonio arquitectónico. No en vano la ciudad de Catamarca cuenta con dos slogans para promocionarla y que sirven para comenzar este ejercicio de observación.

El primero, “Capital de Montaña” nos está diciendo a gritos, que contamos con un telón de fondo que cambia de color y textura a lo largo del día y en las cuatro estaciones del año. SFVC no sería la misma sin sus montañas. Estas montañas que admiró el arquitecto italiano Luís Caravati, al momento de “hacer ciudad”

El segundo, “San Fernando del Valle de Catamarca, una ciudad con nombre español y apellido indígena” nos habla de la fusión entre lo español (con los conquistadores que llegaron a nuestra tierra) y lo originario. Una muestra de esta fusión es la Virgen del Valle. También lo son, nuestro escudo y la bandera de la ciudad.

Además de comprender todo lo que encierran estos dos slogans, la gente que participa del taller comprende la importancia de Caravati en la ciudad. Cómo este arquitecto, a fines del siglo XIX, transforma una aldea pobre en una “ciudad moderna” admirada por los viajeros.

Los vecinos pueden usar mejor determinados recursos con los que contamos para informar al turista y también aprender. Un ejemplo es la cartelería urbana que se encuentra en las fachadas de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Los carteles, agradables por su proporción, nos brindan los datos necesarios y una fotografía de época, que nos permite comprender cómo era nuestra ciudad.

Buena señal

La idea que concurran al taller “Buenos Anfitriones” los funcionarios y empresarios turísticos, surge de éstos últimos. Habla bien de la necesidad de producir un cambio de mentalidad en el medio y que las decisiones en materia turística en la ciudad pasan por el consenso, en base al diálogo entre las partes, en el seno del Consejo Asesor de Turismo, órgano clave para incentivar el desarrollo turístico.

Siempre se habla de las tres patas que sostienen la mesa del desarrollo turístico de una ciudad: inversión–promoción–concientización. Mientras se trabaja en las dos primeras, no debemos olvidar jamás en realizar un trabajo sistemático de calidad a lo largo del tiempo en la tercera pata. Esto nos va a permitir lograr que los vecinos comprendan que nuestra felicidad estará en el desarrollo como personas, valiéndonos también del turismo. Una ciudad como la nuestra tiene todas las potencialidades para conseguirlo. Está en la gente, que pueda entenderlo y buscar los caminos para ser emprendedores de la actividad.

La ciudad es como un organismo vivo y es el invento más maravilloso del hombre y si no veamos lo que hicieron posible nuestros ancestros. Quien no ama a su ciudad no será feliz en ningún lugar del mundo.

El turismo es un acto vivencial. El turista va a un lugar a vivir experiencias y a participar. El turista que nos visita ¿por qué no va a querer participar de las mismas experiencias que vivimos nosotros? Para esto, debemos conocer lo que no conocemos y que no nos damos cuenta. Por tal motivo, debemos comenzar con los dirigentes.

Por último, quiero concluir con la reflexión de un amigo enviada a través de un mensaje de texto, al momento de finalizar el taller, que lo sinteriza todo: “creo que lograron el objetivo: esa gente los oyó…”

  • Oct 22 / 2008
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  • Ciudad, Turismo

Caminando por nuestras calles

Diseño de calle de una ciudad, en la que el protagonista es el peatón. El turismo lo agradece y valora.

Diseño de calle de una ciudad, en la que el protagonista es el peatón. El turismo lo agradece y valora.

Hace unos días atrás, por la mañana, caminábamos con un grupo de alumnos de una escuela polimodal por las calles de la ciudad, en el marco del taller de concientización turística “Buenos Anfitriones”, cuando notamos que el centro de la ciudad lucía distinto.

Justamente, en ese momento, había un pequeño grupo de personas manifestando en las inmediaciones de la Casa de Gobierno y por tal motivo los agentes de tránsito impedían el acceso de los automóviles alrededor de la plaza 25 de mayo y habían retirado los vehículos oficiales, que siempre se encuentran estacionados frente al palacio gubernamental.

El paisaje urbano era otro. Se sentía la ciudad de otra manera. Se podían apreciar en toda su majestuosidad el Ancasti y el Ambato con sus colores, luces y sombras. La gente caminaba más cómodamente por las calles y dejaba de hacerlo apretadamente por las aceras, para lanzarse por las calzadas libres de los vehículos, que normalmente circulan a gran velocidad.

Los que estábamos en ese momento reflexionando sobre las posibilidades de construir una ciudad turística, en base al conocimiento de nuestro patrimonio cultural y natural, pensábamos qué interesante sería que las calles fueran de los peatones.

En una oportunidad nos visitó el arquitecto Luís Grossman, una persona muy sensible a los temas urbanos, ex colaborador del diario La Nación en su suplemento de arquitectura y actual Director del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires y a la pregunta de rigor, antes de partir de San Fernando de Catamarca, sobre qué le había parecido ésta, respondió con total naturalidad: “no puedo emitir opinión, ya que cada vez que me disponía a ver las montañas al fondo de las calles y la arquitectura que tienen, debía tener mucho cuidado que no me atropellara un auto…”

Sin lugar a dudas los conceptos expresados por Grossman son muy duros, pero es nuestra realidad. Los automóviles se adueñaron de nuestras calles y como si fuera poco, en las últimas décadas se han derribado decenas de casas con valor arquitectónico, para dar lugar a playas de estacionamiento. El automóvil está generando, sin darnos cuenta, caos y destrucción en el área central de la ciudad.

Por lo tanto, es hora de que se tomen las decisiones que muchos vecinos de esta ciudad afirman en sus diálogos informales, sobre la necesidad de que el municipio –junto a los organismos correspondientes– se pongan de acuerdo en tomar medidas que nos beneficiarían turísticamente, como por ejemplo lograr:

Una ciudad en la que el peatón sea el verdadero dueño de la calle. Podrían habilitarse algunas arterias del casco céntrico, en los horarios de actividad comercial y administrativa, para uso peatonal.

Una ciudad en la que no estacionen los ómnibus turísticos en las calles laterales de la plaza principal, sino un poco más alejados, para que los turistas recorran el centro beneficiando la actividad comercial.

Una ciudad en la que el servicio de transporte público de pasajeros sea protagonista, organizando eficientemente las paradas de colectivos cerca de la plaza principal.

Una ciudad con más árboles en calles semi-peatonales, para resguardarnos de los calores del verano.
Una ciudad en la que los autos oficiales no estacionen más al frente de la Casa de Gobierno y destinar en todo caso un estacionamiento especial para el gobernador dentro de la misma, eliminando así esas desagradables cadenas que se encuentran en la actualidad.

Ilustran esta nota dos fotografías en las que pueden apreciarse cómo cambia el paisaje urbano y los beneficios que trae para el turismo, impidiendo el ingreso del auto en determinadas horas del día o bien ampliando las veredas, como el caso de la ciudad de La Rioja, mencionado en este mismo espacio en otra oportunidad.

Nuestra ciudad sin autos estacionados o circulando. Los peatones son los dueños del espacio público.

Nuestra ciudad sin autos estacionados o circulando. Los peatones son los dueños del espacio público.

Cuentan que Catamarca quiere decir “pueblo pequeño” (además del conocido “fortaleza de la montaña”) Tal vez deberíamos honrar este significado diseñando una ciudad más amable, más humana, más cercana, como lo experimentamos gratamente esa mañana. Habría que animarse…

Reconocimiento

El 11 de junio de este año la Cámara de Diputados de la Provincia de Catamarca declaró de Interés Cultural y Educativo, los Talleres de Concientización Turística “Buenos Anfitriones”, destinado a docentes y vecinos que están involucrados en los servicios turísticos de la ciudad. El objetivo del taller es el de producir en forma paulatina, una revolución cultural en materia turística, de cara al Bicentenario de la Patria.

En el texto de la Declaración, se destaca y valora el trabajo conjunto de los sectores públicos y privados que llevan adelante la iniciativa: Instituto Municipal de Turismo, Consejo Asesor de Turismo Municipal de San Fernando del Valle de Catamarca y A vos Ciudad, que formula la iniciativa.

Los diputados presentes en el recinto, durante la sesión ordinaria de los días miércoles, se comprometieron a participar del taller en breve, como lo hicieron ya en su oportunidad las autoridades municipales y concejales de la ciudad con el intendente a la cabeza.

La iniciativa de la declaración surgió del diputado Mario Alberto Perna, luego de asistir al taller organizado para los dirigentes.

  • Oct 20 / 2008
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  • Ciudad, General, Turismo

Una ciudad de los niños

La ciudad de Caravati era "amable" con los niños.

La ciudad de Caravati era "amable" con los niños.

Un par de años atrás visitó nuestra ciudad el prestigioso arquitecto Luís Grossman. Reconocido profesional que escribió durante tres décadas en el suplemento de “Arquitectura” del diario La Nación, Vino en el marco de la muestra “Un dibujo… Un Arquitecto…” que organizó “A vos, Ciudad” a dictar una conferencia sobre los desastres que causa el automóvil en las áreas centrales de las ciudades argentinas.

El arquitecto Grossman se sorprendió gratamente cuando, en la audiencia que le concedió el intendente de SFVC Dr. Ricardo Guzmán, supo que éste había leído el libro “La ciudad de los niños” del pedagogo italiano Francesco Tonucci. Y lo mencionó en su columna del diario La Nación.

Y es que Tonucci escribió un libro muy interesante que deberían leer todos los intendentes y funcionarios municipales de nuestro extenso país. El italiano plantea un “modo nuevo de pensar la ciudad” y así, tal cual, lo escribe en la tapa del libro.

A grandes rasgos, podemos decir que el libro esboza la necesidad de que nuestros urbanistas diseñen las ciudades en las que vivimos, teniendo en cuenta al niño. Si esto es así, la ciudad será amable con los adultos. Este mismo concepto se aplica con la “accesibilidad desapercibida” cuando hablamos de la eliminación de las barreras arquitectónicas. Ya lo comentaremos en otra oportunidad más extensamente…

Días pasados, en una entrevista de un diario de tirada nacional, Francesco Tonucci comentó que visita nuestro país desde hace 12 años. Él nota que actualmente muchos vecinos se cuestionan cómo hacer para que un niño pueda circular solo por una ciudad argentina del siglo XXI, donde crece la violencia.

El pedagogo sostiene que esto puede ser posible: “Una de nuestras propuestas es que puedan moverse solos en la ciudad y que vayan a la escuela sin la compañía de un adulto. Para esto se estudian todas las alternativas previas: los recorridos, se identifican los puntos de dificultades, se habla con los maestros, los padres, pues hay que coordinar todas las soluciones y eso involucra varios elementos, por ejemplo, que los comerciantes que están dentro del recorrido pongan a disposición sus recursos, un vaso de agua, el baño, el teléfono, etcétera”

Podemos pensar que esto tiene que ver con las grandes ciudades, pero Tonucci cuenta la experiencia de una pequeña ciudad italiana: “En Pesaro, una ciudad de la costa del Adriático, de 100.000 habitantes, el proyecto tiene ya 8 años y cada año aumenta el número de escuelas que participan. Ahora hay 9, lo que significa casi la mitad de la población escolar de la ciudad, y el programa funciona a pesar de los temores. Se está implementando en algunas escuelas de Roma y en varios municipios de Buenos Aires, como Almirante Brown.

A partir de 2001 se puso en marcha el programa “Recorrido Seguro” hacia la escuela, y si esto ocurre acá, en éste país, es mucho más emblemático. En 2005 el responsable de Seguridad de la ciudad de Buenos Aires, en un congreso que se celebró aquí, afirmó que en estos barrios donde se desarrollaba la experiencia los hechos criminales bajaron 50%”

Con una obra no basta

A veces escuchamos a políticos y funcionarios que citan el pensamiento de Francesco Tonucci y le cuentan a la gente que van a construir tal o cual edificio o espacio público, de acuerdo a los postulados del libro “La ciudad de los niños”

Pero lo que no entienden es que no se debe hacer una construcción “puntual” en uno o dos lugares de una ciudad con este criterio, sino que se lo debe ver como una cuestión “conceptual”, “integral”, plantearlo como un “modelo”, como un “patrón, como una “matriz”. Debería estar presente en cualquier Plan Urbano–Ambiental de las ciudades de nuestra provincia.

La SFVC de fines del siglo XIX y comienzos del XX plantea una ciudad “amable” con los niños. Una ciudad en la que su escala permitía que la gente pudiera “vivirla”

Esto lo rescatan Sarrahil y Gazzoli cuando hacen el Plan Urbano–Ambiental a fines de la década del setenta. Cuando éstos últimos proponen recuperar el caso histórico de SFVC para el turismo, uniendo las calles con los corazones de manzana. Aquí están soñando una ciudad “humana” para nosotros.

En Curitiba, aproximadamente en esta época, su alcalde puso en práctica este concepto para recuperar el caso histórico y los resultados están a la vista cuando el turista visita la ciudad.

Curitiba lo hizo...

Curitiba lo hizo...

Primero los niños

Si los vecinos en una ciudad cualquiera de nuestro país se involucran en estos aspectos sensibles de lo cotidiano de la vida de un niño, mejoraremos la calidad de nuestras ciudades.

Vemos en SFVC cómo se desplazan los automovilistas en sus coches sintiendo que tienen un gran poder al estar al frente de un volante. No respetan las sendas peatonales, las señales, no frenan… no respetan a los niños cuando intentan cruzar en las esquinas.

Si pensamos en los niños, si pensamos en mejorar la calidad de los espacios públicos abiertos y las calles de SFVC, pensando en ellos, viviremos en una ciudad más amable y que nos servirá para que hasta el turista lo note y se sienta reconfortado de volver y de sugerir que nos visiten.

Una vez le preguntamos al intendente de SFVC en uno de los programas de radio de “A vos, Ciudad” si sus funcionarios habían leído este librito de Tonucci. Nos dijo que suponía que si lo habían hecho, ya que él se los sugirió. Algunos vecinos nos comentaban los otros días, cuando hablábamos de este tema –y que motivó esta nota– que no creen que lo hayan hecho…

  • Oct 17 / 2008
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  • Ciudad, General, Turismo

Bus turístico urbano

Bus turístico de Curitiba

En el afán de contribuir con ideas –como todos los vecinos de esta ciudad– quiero hoy contarles una experiencia que me contaron unos amigos cuando visitaron Curitiba.

Algunos dirán: “otra vez con Curitiba… no queremos ejemplos foráneos…” Pero está bueno analizar qué hicieron en otras ciudades para ver, precisamente, si podemos aprender de ellas la forma de abordar la problemática turístico-urbana.

Sigo sosteniendo que esta ciudad brasilera es un ejemplo en América del Sur sobre lo que deberíamos hacer para planificar una ciudad. De paso, comento que no hay que pensar, que porque allí llueve mucho o nos superan enormemente en cantidad de habitantes, no es conveniente compararlo con nuestra geografía. Todo lo contrario, no es conveniente hacer esta simplificación, si queremos cambiar la mentalidad en algunas cosas. Precisamente, lo que debemos rescatar es “el concepto” sobre cómo ellos solucionaron los problemas de la ciudad e hicieron camino a lo largo de años de construcción de ciudadanía.

Volviendo a la experiencia de mis amigos, me contaron en una oportunidad que, visitando la ciudad, pudieron subirse a un ómnibus que los llevó a recorrer la misma. Pero el sistema era absolutamente flexible, es decir, podían subir y bajar del micro las veces que quisieran y recorrer así el atractivo turístico de la ciudad: sus parques.

El recorrido completo, sentado en el bus, es de casi dos horas. El boleto que se compra en cualquier agencia de viajes (leyeron bien: en cualquier agencia de viajes) o en la unidad misma –con el riesgo en este caso, de no contar con un asiento– les permite a los visitantes usarlo durante dos días. Y es que la gente puede recorrer, una vez que baja en una parada, el tiempo que quiera, el lugar que quiera…

Este ejemplo suena interesante para aplicarlo en nuestra ciudad. Quizás el municipio podría poner una unidad a disposición de los turistas, con un buen ploteado en su carrocería, enfatizando los slogans “capital de montaña” o bien “una ciudad con nombre español y apellido indígena”

Con la contribución del sector privado, contaría con el combustible necesario para hacer dos recorridos al menos, uno a la mañana y otro a la tarde. El circuito se lo podría armar en base a los distintos espacios públicos emblemáticos de la ciudad, el patrimonio arquitectónico –fundamentalmente de Caravati– y las vistas que se tienen de la ciudad desde El Jumeal, por ejemplo.

En una etapa posterior, cuando el proyecto se auto-gestione, producto del uso que le darían los turistas o los vecinos que contribuyan con el pago del ticket, el emprendimiento estaría en condiciones de funcionar autónomamente.

Un guía en su interior, podría ir contando los lugares por los que se desplaza el vehículo y permitir el descenso de pasajeros que, quizás, quieran quedarse en algún lugar determinado.

Los mismos vecinos de la ciudad podrían usarlo para conocer las curiosidades de nuestra ciudad y “aprender a ver” nuestro medio natural y cultural para concientizarnos de lo que tenemos.

Esto que les cuento a los lectores, no lo inventaron en Curitiba. En muchas ciudades existe y es absolutamente un éxito. Permite que la gente “viaje” por la ciudad.

El miedo paraliza…

Un dirigente del medio, señalaba luego de la finalización del taller de concientización turística que hicimos con ellos el viernes 23 de mayo pasado, que estábamos “avivando” a los taxistas al ayudarles a darse cuenta sobre cómo brindar información al turista, ya que de esta manera les quitarían trabajo a las agencias de viaje, que eventualmente, podrían vender un circuito turístico urbano a los viajeros.

Mi modesta opinión es que no es así, al contrario. Las agencias mismas podrían vender el servicio a los turistas en los horarios que no están asignados a tareas de concientización y así de esta forma ofrecer un interesante producto. Todos salimos ganado, hay mercado para todos señores. No hay que ponerse celosos… No hay que tener miedo a la competencia. No toda la gente que nos visita está en condiciones de pagar un taxi. Además, muchos turistas quieren vivir la experiencia de la gente de una ciudad usando los medios de transporte colectivos. ¿O no hablamos muchas veces que el turista va a un lugar a vivir experiencias?

Cuando vemos en otras ciudades del mundo cómo hacen para ingeniárselas y ofrecer productos turísticos urbanos, realmente no hay límites para la imaginación.

Un ejemplo: el festival de cine en San Luís. Otro ejemplo: el concurso de ambientación de patios andaluces en la ciudad de Córdoba en España. No sigo, simplemente, porque no me alcanza el espacio de esta columna…

No, no hay que tener miedo, hay lugar para todos. Un sistema de recorrido de la ciudad con un bus turístico, sería una experiencia de avanzada en la ciudad. Tenemos un destacable patrimonio arquitectónico para mostrar y también un maravilloso patrimonio natural. ¿Quién no se sorprendería gratamente con ver la ciudad desde El Jumeal? Si las laderas del Ancasti cambian de color y textura a lo largo del año y del mismo día, como un hermoso telón de fono, cual puesta escenográfica.

No tengamos miedo… Hagámoslo… Todos ganamos.

  • Oct 13 / 2008
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  • Arquitectura, Ciudad, General

El Hospital

Hace algunos años atrás visitó SFVC un importante artista plástico nacional para conocer solamente el Museo Adán Quiroga. Lamentó hacerlo por poco tiempo –cuando todavía había hasta tres vuelos diarios, lo que le permitió llegar a Catamarca y volver a Buenos Aires en cuestión de horas– ya que quedó muy bien impresionado con la ciudad y su arquitectura.

La persona que lo llevaba en el auto desde el aeropuerto hasta el museo cuenta como se sorprendió gratamente entrando a SFVC por calle República y mirar hacia su izquierda un edificio impactante que resultó ser el Hospital San Juan Bautista. A medida que avanzaba por la calle notaba en el artista una cara de admiración por las fachadas de la ciudad y cuando llegaron a la plaza admiró la Casa de Gobierno y la Iglesia Catedral ubicada al lado.

Cuando el artista le preguntó a la persona que hacía de chofer quién había construido todos estos edificios, éste solo atinó a decir “un arquitecto italiano…” Y es que el visitante entendió la ciudad y a su arquitecto…

Ya de entrada le había impactado el hospital, puesto que a pesar de ver al edificio con un patio de ingreso sobre la calle República, un muro construido en mampostería de ladrillos revocado y con las rejas entre pilares, proporcionaban continuidad a la fachada, conservando así la línea de edificación de la ciudad. Actitud ésta “fundamental” en los constructores de la época y que ayudó a “configurar la imagen de la ciudad”

El hospital, ayer

El hospital, ayer

Eran otros tiempos…

Luego de varias interrupciones de la obra y gracias al aporte monetario de numerosos vecinos –y lo más curioso en estos tiempos en los que vivimos ¡de los diputados provinciales que donaron sus sueldos!– el edificio del Hospital San Juan Bautista se termina en 1888.

En 1881 el gobernador Manuel Fortunato Rodriguez le encomienda a Caravati el proyecto y el presupuesto del nuevo hospital. El director de la construcción fue el arquitecto Adonai Spreafico y lo reemplazó por un breve tiempo Domingo Offredi.

La obra comenzó de inmediato y progresaba bien hasta que una crisis económica que agobiaba a Catamarca privó del dinero necesario para continuar su construcción. En 1885 el gobernador José Silvano Daza considera que había que terminar el edificio y encomienda la administración de la obra a las damas de beneficencia.

La habilitación del hospital permitió que la ciudad de SFVC contara con un centro sanitario para asistir y curar a su población cada vez más numerosa. Esa fue la preocupación de algunos gobernadores y sociedades filantrópicas de la época. Ya habían fracasado los intentos por construir otros hospitales por la falta de fondos.

El Hospital San Juan Bautista forma parte de los hospitales que se construyeron entonces en todo el país con una nueva postura sanitaria. Su nombre se debe al patrono de Catamarca.
El terreno en el que se construye el hospital pertenecía a un modesto centro sanitario que funcionaba desde 1869 y que duró muy poco, denominado Hospital de la Concepción.

El hospital, hoy

El hospital, hoy

Un ejemplo del “modelo”

El edificio se resuelve alrededor de dos patios, uno delantero en forma de “U” que da a la calle, de la misma forma en que se abren muchos patios de la época en franca oposición al espacio poco abierto hacia la calle de la arquitectura colonial. No obstante un muro con reja marca la continuación de la línea de edificación ordenando la percepción del paisaje urbano.

Caravati resalta la entrada del edificio ubicando un pórtico de acceso con columnas dóricas y un frontis triangular. En el tímpano de éste se inscribió el escudo de la provincia y en el friso el nombre del establecimiento y la fecha de fundación (que en realidad corresponde al año en que el gobernador Manuel Fortunato Rodriguez coloca la piedra fundamental del hospital)

El otro patio interno es cuadrado delimitado por galerías con arcos y destaca su armonía mediante unos de mayor tamaño en coincidencia con las puertas del eje de simetría norte–sur del conjunto.

El vecino que camine por calle República, notará que el acceso principal del hospital tiene un “patrón” que repite Caravati en muchas de sus obras. Estamos hablando del pórtico de acceso. Lo “usa” en el atrio de la catedral y lo podemos apreciar también en el Seminario Mayor. Solamente que en la Iglesia Catedral “invade” la calle y en los otros dos casos quedan situados en el patio.

El arquitecto italiano es consciente de que su arquitectura, como la de los otros colegas suyos, “hacen ciudad”. Por eso repite, también, el criterio del muro con la reja –mencionado anteriormente– en el Seminario de Nuestra Señora del Valle, con un patio más modesto en medidas y a pesar de tener dos plantas, en 1891. También lo aplica en el edificio del cementerio municipal inaugurado en 1884.

Nótese la proximidad de las fechas. El inmigrante italiano está en su mejor momento profesional.
En las intervenciones de Caravati se percibe que tiende a un paisaje urbano homogéneo, dado por la altura, la escala y la proporción de las fachadas. Él sabe que circulando por las calles, se llega a los espacios públicos. En las calles están sus fachadas, por eso presta especial atención a su materialización.

Como dijimos en otra oportunidad, el arquitecto inmigrante “diseña y construye” la ciudad de Catamarca. La coherencia y la homogeneidad en el paisaje urbano de la ciudad y que pueden percibir los vecinos que vivieron a fines del siglo XIX es, a no dudarlo, “La Escuela de Caravati”. El Hospital San Juan Bautista es el mejor exponente de esta escuela.

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