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Categoría / Cultura

  • Oct 19 / 2009
  • 2
  • Ciudad, Cultura, General

CatamARTE

Martin Bormann. Primavera. 2008. Técnica mixta sobre madera. 60 x 40 cm.

Martin Bormann. Primavera. 2008. Técnica mixta sobre madera. 60 x 40 cm.

En el programa “A vos, Ciudad” de Radio Unión nos visitó el arquitecto y artista plástico Martín Bormann, quien vino acompañado por personas vinculadas al arte para contarnos sobre un acontecimiento de importancia para el medio.

La Secretaria de Estado de Cultura de la Provincia de Catamarca, el Centro Cultural Recoleta y el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conjuntamente con Fundación YPF, inauguraron el viernes 2 de octubre, en el Museo Provincial de Bellas Artes Laureano Brizuela, la Muestra Argentina Pinta Bien – Arte de Catamarca.

La presentación de esta Muestra, reviste singular importancia porque reúne a veinticuatro grandes artistas locales, fruto de la selección realizada por el Curador y Artista Jorge Figueroa. Se incluye además, la presentación del catálogo financiado por la Fundación YPF, que plasma en alta calidad las obras y reseñas de los artistas ganadores del concurso.

Los artistas que participan de la muestra –que puede visitarse hasta el 1 de noviembre y cuyas obras serán expuestas en la ciudad de Buenos Aires próximamente – son: Rossana Barboza, Cecilia de la Barrera, Martín Bormann, Bruno Carabajal, Marina Cubas, Victor Ferreyra, Celina Galera, César Guerrero, Raúl Guzmán, Giselle Issetta, Marinés Marinaro, Griselda Nassif, Ariel Pacheco, Aldo Páez, Carolina Paradela, Mónica Paz, Claudia Perrotta, Claudia Pucheta, Manuela Rasjido, Enrique Salvatierra, Amado Santos, Daniel Sarmiento, Alicia Toranzo y Gabriela Vargas.

La palabra oficial

La Secretaria de Estado de Cultura, Silvina Acevedo –quien estuvo también en nuestro programa de radio contando la experiencia– explico que “la presentación de esta muestra es una ocasión propicia para destacar la importancia de las políticas que tienden a hacer visible, dentro del contexto nacional, un cúmulo de expresiones, voces, texturas y colores, como signos propios de la identidad catamarqueña. Pero también, una maravillosa oportunidad para resaltar la calidad de nuestros artistas plásticos”.

Acevedo, expreso además: “celebro estos esfuerzos que dinamizan el ambiente artístico, poniendo de manifiesto los movimientos generacionales a través de las estéticas individuales de nuestros creadores; rescato también, el papel de los organismos públicos y los sectores empresariales en la inversión, administración, gestión y difusión del arte y de las industrias culturales, a través de proyectos y acciones concretas que posibilitan el surgimiento y formación de nuevos públicos y el desarrollo de la sensibilidad general”.

En el catálogo de la muestra, el curador Jorge Figueroa, comienza diciendo: “En el ADN de la producción artística contemporánea en Catamarca se leen distintos registros: la neofiguración tucumana, cierta tradición abstracta cordobesa y el costumbrismo catamarqueño”. Para concluir con lo siguiente: “Desde un punto de vista general, puede señalarse que los veinticuatro artistas participantes en Arte de Catamarca, que integra el programa Argentina Pinta Bien, operando con estrategias distintas y con dispositivos hasta opuestos, se inscriben en una producción cultural más amplia, donde la región interfiere activa y pasivamente según los casos. La hibridez de sus trabajos, a no dudarlo, es una marca que viene desde antiguo, desde lejos; es su característica. ¿Identidad? Más que ella, trastornos de identidad”

Martín Bormann. Sin título. 2008. Ensamble. 120 x 40 x 40 cm.

Martín Bormann. Sin título. 2008. Ensamble. 120 x 40 x 40 cm.

 

La gran excusa Cerdá

Vista aérea actual del Ensanche de Barcelona desde la Diagonal

Vista aérea actual del Ensanche de Barcelona desde la Diagonal

Esto me lo pasó un alumno de la Escuela de Arquitectura de La Rioja, que quedó motivado después de una charla sobre las ciudades del Movimiento Moderno… Gracias Emiliano Molina Franco.

La celebración de los 150 años del Plan del Ensanche de Barcelona ha provocado, además de múltiples actividades, el inicio de un debate sobre los nuevos retos del urbanismo. «Hay que limitar esta ciudad difusa que se expande sin control», señala el urbanista Fernando de Terán

 

Cae un sol de justicia sobre el paseo de la Castellana y, en este entorno un tanto duro de la zona de Nuevos Ministerios, comienzan las dudas sobre si ha sido realmente una buena idea ir a Madrid para hablar del urbanista que diseñó Barcelona. Bueno, en realidad para hablar de urbanismo aprovechando «la gran excusa Cerdà». Las dudas se disipan al entrar en la casa de Fernando de Terán (Calatayud, Zaragoza, 1931) situada en la sorprendente colonia Residencia, una barriada diseñada en los tiempos de la República en un racionalismo humano que rápidamente fue ocupada por todo tipo de intelectuales. Allí vive este arquitecto y urbanista, uno de los mejores historiadores de la disciplina que hay en España, que acaba de publicar una recopilación de sus ensayos (El pasado activo, Akal, 2009) y en mayo fue el encargado de loar la figura de Ildefonso Cerdà (Centelles, Barcelona 1815-Las Caldas del Besaya, Cantabria, 1876) con motivo de la edición facsímil de su plano para el Ensanche que ha lanzado la Real Academia de San Fernando, su propietaria, para celebrar los 150 años de su aprobación.

Ésta es la excusa. Un plano. Aunque es más que eso. También supone el inicio del urbanismo moderno en España y su aniversario, que se celebra este año en Barcelona con decenas de actividades, la espoleta de un interesante debate sobre el futuro del urbanismo que pilla a la disciplina, aturdida a golpe de ladrillazos, con la moral bastante baja. «El de urbanista es un trabajo muy frustrante», reconoce Fernando de Terán. «Casi nunca ves tu plan realizado y por el camino todo son luchas y complicaciones. En España, por ejemplo, en los últimos años se ha consumido mucho suelo, mucho territorio y mucho litoral. Pero el problema fundamental es de naturaleza política. La disciplina tiene una experiencia muy sólida, ha evolucionado y cuenta con modelos para comparar que le dan una buena base de actuación. Es verdad que estamos atados por un modelo jurídico de plan urbanístico que no permite innovaciones y no recoge esta experiencia, pero la situación no es desesperada. Incluso con lo que hay, si los políticos hicieran caso a los urbanistas la situación mejoraría mucho. La mayoría estamos de acuerdo en que hay que limitar esta ciudad difusa que se expande sin control consumiendo gran cantidad de recursos, pero lo que piden los políticos son planes que les permitan hacer este tipo de ciudad, y eso es lo que se hace. Lo he comprobado, la mayor parte de los planes en el litoral valenciano son de este tipo, de ciudad difusa y dispersa. Están aprobados, son legales y nadie ha protestado. Es más, ganan elecciones con mayorías absolutas. Están respaldados política y socialmente».

El abismo entre la política y el urbanismo no ha sido siempre tan extremo. Volviendo a Cerdà, por ejemplo, que incluso fue diputado liberal en las Cortes, sus ideas tuvieron un enorme respaldo, al menos en las altas instancias del Estado. En Barcelona, convencidos de que sus propuestas de racionalidad y calles anchísimas eran un despilfarro, no le querían. Ahora se reclama que le levanten un monumento, pero durante más de un siglo se vivió su plan como una imposición de Madrid. El Ministerio de Fomento de la época, efectivamente, le apoyó sin reservas. La historia ha demostrado su acierto.

«Hasta hace poco se pensaba que los pioneros en la formulación del urbanismo moderno, el surgido como reacción a los problemas que plantea la ciudad industrial, habían sido ciertas personalidades británicas o alemanas. ¿Por qué? Pues porque no se conocía la obra de Cerdà. Se adelantó casi medio siglo a todos ellos con su reflexión profunda y sistemática de lo que se le venía encima a la ciudad moderna. Y no sólo se anticipó sino que algunas de sus aportaciones son verdaderos inventos. Es una figura sorprendente. Muchas veces me pregunto cómo pudo surgir una personalidad de esa inteligencia en la España de aquella época».

No es que Cerdà, añade, se inventara la ciudad cuadriculada, una disposición que proviene de la antigüedad, pero la utilización racional y actualizada que realizó de este modelo sigue vigente hoy en día. Faltaban casi cincuenta años para que se diseñara el primer automóvil, ni siquiera existía la gasolina, y Cerdà ya se imaginaba una especie de locomotoras autónomas que circularían por la ciudad. «Por eso diseñó los famosos chaflanes de Barcelona, para facilitar los giros de estos pequeños trenes domésticos en una reflexión que la ingeniería de tráfico posterior ha continuado». O las manzanas abiertas en las que la mitad de la superficie se dedica a jardines o equipamientos sociales, un «invento» que no funcionó ya desde el principio debido a la voracidad de los propietarios. Pero bueno, Cerdà era un hombre pragmático que, pese a tener una cierta visión igualitaria de la sociedad, encajó como pudo el choque con esta otra religión llamada propiedad privada. La había domesticado con su teoría de la reparcelación. «Fue un auténtico invento porque antes no existía este sistema de repartir las cargas y beneficios de la urbanización entre los propietarios a los que el trazado de las calles dejaba en mala situación y aquellos que no se veían afectados. A través de él y de su plano de Barcelona pasó a la legislación española que se adelantó así a las que se hicieron después en Europa».

Le costó, eso sí, el encaje de su enorme cuadrícula racional con los pequeños pueblos de las afueras de lo que hasta 1854 fue una ciudad amurallada rodeada por un gran llano reservado por el ejército para poder sitiarla en caso de sublevación, algo probable dada la alta mortalidad que provocaba el escalofriante hacinamiento de la población. Allí se construyó el Ensanche, flanqueado por dos ríos, el Llobregat y el Besòs, y perfectamente ordenado entre la sierra de Collserola y el mar. Cerdà pudo diseñarlo porque el azar quiso que murieran sus dos hermanos mayores y que él heredara la fortuna familiar. «Se retiró y se dedicó a pensar, algo que también resulta sorprendente. Después gastó mucho de su dinero en poner en marcha sus proyectos, como el levantamiento del plano topográfico de Barcelona. Acabó dilapidando su fortuna. De muy buena manera, hay que decirlo». Antes de este golpe de fortuna, Cerdà trabajó diseñando obra pública porque su profesión, entonces incipiente, era la de ingeniero civil de caminos.

Y es que al principio el urbanismo era cosa de ingenieros para pasar después a estar dominado por los arquitectos y acabar, hoy, interesando casi sólo a los geógrafos, los más activos en los últimos años a la hora de denunciar los desmanes urbanísticos. Para Fernando de Terán, las tres disciplinas son necesarias pero resultan insuficientes, por separado, para abarcar la complejidad del fenómeno urbano que vivimos en el que los límites de la ciudad se han diluido ocupando territorio de manera intensiva.

«El urbanista necesario no existe actualmente, al menos en España», afirma. «Los ingenieros, y eso lo sé muy bien porque durante muchos años he sido profesor de urbanismo en la escuela de ingenieros de Madrid, se inclinan hacia las grandes infraestructuras como presas, puentes, carreteras. A los jóvenes les atrae profesionalmente la obra pública puntual en la que se pueden lucir y sólo algunos empiezan a pensar ahora en términos territoriales. Los arquitectos, por su parte, es como si hubieran tirado la toalla. Están encandilados con el proyecto arquitectónico, cosa que no me extraña porque esto sí que es gratificante, y todo lo más diseñan puntuales intervenciones urbanísticas de pequeña escala. Los únicos que comienzan a pensar en el territorio son los geógrafos. Y sean bienvenidos, hay magníficos ejemplos en el mundo, como Peter Hall, que demuestran que son necesarios. Aunque creo que su formación les permite analizar muy bien los problemas pero no tienen capacidad de intervención, de diseño. El urbanista del futuro tendría que ser una mezcla de un ingeniero capaz de ver las infraestructuras necesarias en un territorio, un geógrafo que proporcione la visión analítica de cómo se organiza éste y seguramente un arquitecto que sea capaz de proyectar y pasar a la acción».

Este nuevo urbanista, en germen, tendrá que afrontar muchos retos. Algunos relacionados con el diseño, pero la mayoría procedentes del eterno choque con la política. Es un desafío que no afecta sólo a España. También en Francia, en Inglaterra o en Italia se encuentran con el problema de que los planes territoriales que intentan poner orden al caos de las urbanizaciones dispersas chocan con la resistencia de los municipios. «Es muy difícil que se pongan de acuerdo los ayuntamientos y por eso los planes se van frustrando sistemáticamente. El caso de Milán es paradigmático. La expansión de la ciudad alcanza a unos ochenta municipios y no hay manera de planificar porque nunca se logra el consenso. Conozco hasta tres planes generales de Milán interesantísimos, hechos por los mejores urbanistas italianos, y no se han podido aprobar o lo han hecho tan en precario que no sirven. Es un gran problema en todas partes que se tendría que solucionar ya porque necesitamos pensar a escala supralocal».

En el congreso que en la primavera del año que viene cerrará los muchos actos dedicados a Cerdà (cuatro grandes exposiciones, publicaciones, seminarios, rutas urbanas…) será uno de los temas estrella. «Queremos enlazar el siglo XIX con el XXI», dice su director, Francesc Muñoz, geógrafo y autor de un esclarecedor libro sobre esta globalización de la ciudad difusa paralela a la tematización de los centros (Urbanalización, Gustavo Gili). Como explica Muñoz, si Barcelona ha querido dar tanta relevancia al aniversario del plan Cerdà es porque ahora necesita otro «plan». La Barcelona real ha saltado los ríos y los montes. Se extiende por un área metropolitana que multiplica su superficie y el debate de este año se centrará, precisamente, en la forma de organizarla. El de Milán será uno de los casos de estudio, también el de Londres, ejemplo al parecer exitoso de reorganización municipal para hacer más ágil y efectiva la gestión del Greater London. Y también se verá cómo ciudades más pequeñas han experimentado algún tipo de solución a temas concretos, como puedan ser el transporte (Curitiba, en Brasil) o la sostenibilidad (Friburgo, Alemania).

Lo que está claro es que el problema es general y nadie tiene la solución definitiva. La ciudad compacta que tanto gusta a los urbanistas europeos se ha visto superada por la realidad. «Este modelo ha hecho crisis. Lo que se ha expandido es la ciudad dispersa, el modelo americano de ciudad difusa que se ha ido imponiendo por la influencia mediática y porque la gente, en realidad, prefiere vivir en estos chalets o adosados de la periferia. Sólo los intelectuales y los ecologistas conscientes del despilfarro de energía y territorio que esto supone defienden la ciudad compacta. Y tienen razón. Yo también pienso que es mejor, pero conseguirla no es ya un problema del urbanismo sino de la pedagogía».

Pasa lo mismo, dice De Terán, con el tema de la sostenibilidad. «La legislación española y la de las 17 autonomías incluye estos temas en su gran mayoría, no hace falta una revolución metodológica, pero es un problema de sensibilidad, de darle más importancia a este tema y también, de nuevo, de voluntad política». El problema, insiste, es que gran parte de esta expansión urbanística desordenada que tantas críticas ha provocado incluso de la Unión Europea se ha hecho dentro de la más estricta legalidad. «Ahora parece que se ha parado por la crisis, pero no porque haya una reflexión sobre lo que se ha hecho mal, que es lo que tocaría. Están esperando a ver cuándo vuelve a haber liquidez para continuar igual. Es entre los jóvenes ecologistas, en las facultades de geografía o en algunas de ingeniería en donde se preocupan por este tema. En las escuelas de arquitectura siguen todos encandilados con el proyecto bonito y ni siquiera se enseña bien cómo hacer un plan».

Esta deserción de los arquitectos es lo que le hace pensar que, tal vez, el crispado debate que hubo a principios de los ochenta entre los partidarios del proyecto (que encabezó en Barcelona Oriol Bohigas, antes antagonista y ahora autor del prólogo de su último libro) y los del plan, en los que se incluirá él mismo, no se ha acabado de cerrar. Para unos era posible hacer urbanismo sólo a través de la arquitectura, para otros se precisaba una planificación previa a gran escala. Las posiciones se han acercado mucho. Pero si en los ochenta era Madrid la que defendía el plan y Barcelona el proyecto, ahora parece que sucede al contrario. Cataluña está a punto de cerrar su plan territorial mientras que el de Madrid está parado porque desde la comunidad se defiende el liberalismo de la mínima intervención.

Pero lo que ahora toca no es tanto pensar en nuevos planes de desarrollo sino en cómo se puede compactar y estructurar la ciudad difusa que ya se ha construido para minimizar los daños. «Es uno de los grandes retos del futuro inmediato, sin duda. Lo que está claro es que tendríamos que evitar seguir proyectando ciudad difusa nueva. Pero claro, si nos salen los políticos con sus mayorías absolutas, ¿qué vamos a hacer?».

Publicado en el diario El País

El arquitecto y académico Fernando de Terán

El arquitecto y académico Fernando de Terán

La ciudad que no se construyó

Los ideales del Movimiento Moderno plasmados por Hilberseimer y Mies en Lafayette Park en Detroit, entre 1955 y 1963.

Los ideales del Movimiento Moderno plasmados por Hilberseimer y Mies en Lafayette Park en Detroit, entre 1955 y 1963.

A lo largo del tiempo se fue instalando la idea de que el Movimiento Moderno se encarga, sistemáticamente, de destruir las ciudades en el siglo XX. Además se señala a Brasilia como el modelo de ciudad construida por los arquitectos de este Movimiento, dejando en evidencia el fracaso de sus postulados. Nada más alejado de la realidad cuando queremos simplificar las cosas y buscar pronto un culpable, en un rápido juicio de la historia.

En el siglo XIX, la gran mayoría de las personas de la Europa occidental, vivían en la pobreza, en ciudades sucias, en edificios en los que no entraban ni la luz ni el aire natural, producto de la especulación inmobiliaria en el uso del suelo para poder así hacinar a la mano de obra barata de las industrias, que constituían su paisaje urbano.

Cuando leemos a Charles Dickens a través de Oliver Twist o David Copperfield, vemos cómo describe la vida desdichada en las ciudades, pintándolas oscuras, sucias, con gente infeliz vagando por sus calles en contrapartida de la vida en el campo donde los niños son felices, en escenarios que transcurren en jornadas plenas de sol.

Dickens no esta alejado de la realidad cuando habla de las ciudades industriales, en las que la máquina y el capitalismo desenfrenado vienen para producir una terrible desigualdad en la humanidad, para que unos pocos vivan en la abundancia y muchos otros vivan en la miseria.

En este contexto, los hombres del Movimiento Moderno –en el caldo de cultivo de nuevas ideas progresistas– veían que otra ciudad era posible. Y es así como comienzan a hacer propuestas de racionalización de la ciudad industrial sin disolver a la ciudad tradicional.

Los arquitectos del MM no están en contra de la ciudad renacentista o barroca –a las que aprecian y valoran por su calidad– sino que detestan a la ciudad industrial, ya que destruye la historia y vuelve miserable la vida de sus habitantes.

Cuando Le Corbusier plantea su ciudad contemporánea de tres millones de habitantes en 1922, no desconoce a la ciudad compacta histórica que siempre tuvieron en mente los europeos, inclusive sus edificios nos remiten a las torres de las ciudades medievales.

Cuando unos años después, en 1925, Hilberseimer presenta su modelo de ciudad vertical, hace lo mismo que Le Corbusier, pero inclusive llegando a superarlo intelectualmente en su planteo. El arquitecto-urbanista alemán –socio en las ideas con Mies van der Rohe– deja en claro que en un mismo edificio se puede dar el trabajo y la vivienda, para que la gente que vive en las grandes ciudades, evite su desplazamiento.

La mala fama del MM en ámbitos académicos

El MM no disuelve la ciudad tradicional, propone, en cambio, la racionalización de la ciudad industrial y establece nexos entre la ciudad moderna y la tradición urbana.

Cuando entre 1955 y 1963, Hilberseimer y Mies van der Rohe, construyen en Detroit el barrio Lafayette Park, tienen presentes los ideales del Movimiento Moderno para la ciudad, resultando del estudio consciente a lo largo de sus vidas.

Los alumnos de las escuelas de arquitectura, deben comprender y no caer en el error que se plantea en ámbitos académicos –que excluyen los nuevos paradigmas de la enseñanza, quizás por inseguridad– de que todos los males de las ciudades contemporáneas hay que remitirlos a la ciudad moderna. Nada más alejado de la verdad.

Como dice el arquitecto catalán Carlos Martí Aris, profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona: “La ciudad moderna no se ha construido, tan sólo existe, como virtualidad, en la suma de aportaciones que configuran la cultura urbana del siglo XX, permitiéndonos seguir pensando a la ciudad moderna como aspiración y como expectativa»

Primer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente en Salta

Se realizará en Salta el Primer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente

Se realizará en Salta el Primer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente

El 2, 3 y 4 de noviembre se realizará en la ciudad de Salta, el Primer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, considerado el encuentro más importante de Latinoamérica.

Para este evento, el Colegio de Arquitectos de Salta convocó a la Fundación CEPA, con 35 años de trayectoria en el área ambiental y pionera en dicho enfoque en América Latina, para co-organizar este 1º Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente.

El Congreso se basa en tres grandes líneas o campos temáticos vinculados:
– Sustentabilidad y arquitectura
, (la cuestión bioclimática, la tecnología, la identidad y el patrimonio edilicio)
– Sustentabilidad y ciudad, (el urbanismo, el paisaje cultural urbano, el transporte colectivo)
– Sustentabilidad y territorio, (el planeamiento territorial, el paisaje, el turismo y las grandes infraestructuras). Además, y como tema transversal a todos los anteriores, la enseñanza de la arquitectura.

Los objetivos del Congreso consisten en:
– Presentar ideas, metodologías y obras innovadoras para una arquitectura capaz de contribuir a la sustentabilidad, con un mayor respeto por el ambiente natural y cultural, debatir sobre los aportes que se realicen, incorporar al debate los resultados del Concurso para estudiantes convocado al efecto y ofrecer al debate local, nacional e internacional las riquezas de las presentaciones.

Los disertantes serán:
– Lucien Kroll de Bélgica,
arquitecto y urbanista, sus obras están inspiradas en el respeto a la naturaleza y la participación social;
– Jaime Lerner de Brasil, arquitecto, urbanista y político entre otras cosas participó del Plan Director de Curitiba 1966/ 69 y es cofundador del Instituto de Investigación y Planificación;
– Germán del Sol Guzmán de Chile, arquitecto, en 2006 es condecorado con el Premio Nacional de Arquitectura de Chile;
– Sergio Los de Italia, arquitecto, responsable de investigaciones para la Unión Europea, para la Agencia Internacional de la Energía, para el diseño sostenible de la arquitectura multiescala,
– Salvador Rueda Palenzuela de España, licenciado en Ciencias Biológicas y Psicología, diplomado en Ingeniería ambiental y energética y
– Rafael Mata Olmos Doctor en Geografía, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid

La inscripción al Congreso da derecho de participación en todas las actividades.
Podrán inscribirse todos los interesados en el Congreso, utilizando el formulario de la sección “Inscripciones” que figura en la página www.congresosalta2009.com.ar

Se han establecido aranceles de inscripción para profesionales y estudiantes, y hay beneficios importantes para quienes se inscriban con antelación. Para más información los interesados pueden dirigirse al Colegio de Arquitectos de Salta, Pueyrredón Nº 341, Tel. (0387) 4316214 (0387) 154820808 o a la página web mencionada en el párrafo anterior.

El patrimonio arquitectónico en peligro

Calle San Martín hacia el este. Fotografía tomada a principios del siglo XX desde el Paseo La Alameda.

Calle San Martín hacia el este. Fotografía tomada a principios del siglo XX desde el Paseo La Alameda.

En el programa de Radio Unión “A vos Ciudad”, con motivo de la emisión numero cuatrocientos, hicimos un programa monográfico sobre el patrimonio arquitectónico de SFVC y su deterioro a lo largo de los últimos años.

Estuvieron presentes los arquitectos Rafael Dalmaida y Ricardo Palacios, Ernesto Jesús Acuña Molina (Administrador de Desarrollo Urbano e Inversión Pública, en la práctica Vice Director Ejecutivo del Plan Urbano Ambiental) y María Alejandra Granizo (a cargo de la Supervisión de Administración de Patrimonio Cultural) Los últimos, ambos, funcionarios de la Municipalidad de SFVC.

Juntos debatieron, por espacio de dos horas, un problema que va en aumento en ciudades con escala como la nuestra, como es la destrucción del patrimonio arquitectónico.

Para iniciar el debate contamos con la valiosa intervención del arquitecto Luis Grossman, a cargo de la Dirección General de Casco Histórico del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. El ex columnista de Arquitextos del diario La Nación, contó su experiencia de trabajar en un área de la ciudad de Buenos Aires en la que viven 120.000 habitantes, en solamente dos barrios: San Telmo y Montserrat.

Grossman se explayó contando la feliz idea que pudo concretar hace poco tiempo, al colocar 113 bancos distribuidos en las diez cuadras que abarca la Avenida de Mayo, entre la Plaza de Mayo y la Plaza Congreso, con un diseño en hormigón gris que se funde con el entorno. La gente que se sienta en estos, obtiene vistas a las fachadas de los edificios históricos, como el Palacio Barolo, el ex La Prensa o el Pasaje Roverano. El arquitecto porteño dijo que “la idea surgió porque siempre pensé que Buenos Aires es una ciudad poco amable con los paseantes, porque no hay bancos en las calles…”

Noten el detalle del lado humano de la preservación: habla de los edificios no como objetos intocables, sino como si tuvieran vida y como soporte de la actividad productiva del turismo urbano.

Continuó Grossman: “los edificios tienen que tener vida; no hay que permitir que un edificio se convierta en un mausoleo. No hay que tener una reverencia excesiva y no tocarlos. Hay que ver los buenos ejemplos en el mundo de intervención en viejos edificios, con el agregado de arquitectura contemporánea. Esto pasó, por ejemplo, con el Museo Reina Sofía de Madrid” Para finalizar así: “hay que “agiornar” los edificios y que “vivan” el mundo contemporáneo…”

Turismo urbano y Patrimonio en SFVC

A su turno, el arquitecto Rafael Dalmaida señaló algo, que quizás se perdió de vista: “la obra de arquitectura se defiende precisamente, defendiendo toda la ciudad”. El arquitecto sostiene que en el caso de la calle San Martín –frente a la plaza principal de SFVC– donde se ubica la casa Navarro de Caravati, se la debe considerar teniendo en cuenta los otros edificios que conforman el entorno de esa cuadra, incluyendo el Cine Teatro Catamarca. Así es como se preserva la arquitectura que constituye nuestro patrimonio.

Dalmaida sostiene que teniendo en cuenta este patrón para la preservación, se conserva nuestra historia y nuestro estilo de vida, hechos éstos tan seductores para los turistas que visitan nuestra ciudad.

Luego en el programa intervino un oyente quien señaló que hace falta una fuerte decisión política, por parte del intendente, y conciencia emprendedora, por parte de los empresarios del medio, para hacer que el Casco Histórico de SFVC sea productivo desde el punto de vista turístico, como lo señaló el arquitecto Rubén Gazzoli allá a fines de los setenta del siglo pasado, cuando formuló su plan.

Como decía el arquitecto Acuña, algunas inmobiliarias compran las casas y las derriban, resultando así más fácil la venta de los terrenos, ya que los nuevos propietarios no tienen que “cargar” con el estigma de derribarlas.

Evidentemente estamos en presencia de un problema cultural, propio de sociedades subdesarrolladas y que deberemos superar, si queremos que nuestra ciudad “viva del turismo”

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