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Categoría / Turismo

  • May 30 / 2011
  • 1
  • General, Turismo

Turismo: Estado y emprendedores

El hotel de Cafayate que le cambió la mentalidad a los emprendedores locales.

El hotel de Cafayate que le cambió la mentalidad a los emprendedores locales.

Una nota publicada en un diario de SFVC, el pasado martes 24 de mayo, nos informa que la gobernadora electa, junto a su equipo, se reunieron con representantes de todo el sector privado del turismo catamarqueño:

“Ante un empresariado ansioso por escuchar de boca de la senadora nacional la complaciente triada: “presupuesto significativo, jerarquización y mayor participación privada en el gobierno del área”; los agentes turísticos insistieron sobre la total ausencia del Estado provincial en el sector. “Los prestadores necesitamos del Estado”, señalaron al unísono, ante el futuro equipo de gobierno”.

El Estado

El próximo gobierno que asumirá tiene la oportunidad de declarar al turismo como política de Estado. La primera medida debería ser la de crear el Ministerio de Turismo con un presupuesto razonable y con un buen equipo de jóvenes profesionales talentosos.

Algunos sostienen que el próximo Ministro de Turismo debería ser uno de los ex funcionarios que estuvo al frente del sector en la vecina provincia de Salta. Y es que la idea no es descabellada. Esto se puso en práctica durante muchos años en la Patagonia.

El Ente Oficial Patagonia Turística consiguió que las provincias del sur se unieran para trabajar en conjunto y sus funcionarios –a medida que cambiaban los gobiernos– iban rotando de estado, sin importar el color político. Esto permitió que hoy en día esta región del país sea el destino predilecto de los visitantes extranjeros.

Por caso, citamos a Antonio Torrejón. Este hombre, un experto en Turismo, estuvo al frente de las oficinas de turismo de casi todas las provincias del sur. Su experiencia sirvió para presidir luego el Consejo Federal de Turismo.

Los emprendedores

En materia de inversores, es necesario que el próximo gobierno no le tema a la idea de permitir que ingresen capitales de empresarios que no pertenecen a Catamarca. Un hotel cinco estrellas instalado en los terrenos contiguos al predio ferial y al estadio de fútbol, al igual que un emprendimiento de esas características en Belén o Fiambalá, producirá un efecto contagio entre los locales.

Tenemos que aprender en este sentido de Cafayate. En aquella ciudad salteña de los Valles Calchaquíes, se instaló hace unos años en una bodega, un hotel de una cadena internacional. Los empresarios locales “pusieron el grito en el cielo” cuando esto pasó. Dijeron que era la muerte de los hoteleros del lugar y vaticinaban un futuro sombrío. Sin embrago, si hoy una persona le pregunta a cualquier emprendedor de allí qué opina después de varios años de instalado ese hotel cinco estrellas, nos dice con mucho optimismo, que “es lo mejor que le podría haber pasado a esa localidad”. Esa gran inversión produjo un “efecto contagio” entre los empresarios locales transmitiéndoles la vocación de servicio y el riesgo; básicos en esta actividad.

La concientización

Y por último, lo fundamental: la obligación del Estado y de los prestadores, que todo catamarqueño comprenda que la actividad turística es una fuente genuina de ingresos económicos y creadora de puestos de trabajo.

Sin jerarquización por parte del Estado y sin un empresariado arriesgado, difícilmente puedan mantenerse estables las tres patas de la mesa turística: inversión, promoción y concientización… Y seguiremos preguntándonos porqué nuestra tierra no despega en materia turística.

  • Abr 25 / 2011
  • 0
  • Ciudad, Turismo

Un ómnibus turístico urbano en SFVC

El ómnibus turístico urbano, adecuado a “nuestra realidad”. Algo que tendríamos que ir pensando.

El ómnibus turístico urbano, adecuado a “nuestra realidad”. Algo que tendríamos que ir pensando.

En el afán de contribuir con ideas –como todos los vecinos de esta ciudad– quiero hoy contarles una experiencia que deberíamos poner en práctica: implementar el servicio de un ómnibus turístico urbano.

Está bueno analizar qué hicieron en otras ciudades para ver, precisamente, si podemos aprender de ellas “el concepto” sobre la forma de abordar la problemática turístico-urbana.

Recuerdo en una oportunidad que, visitando la ciudad de Curitiba, pude subirme a un ómnibus que nos llevó a recorrer sus calles. El sistema era absolutamente flexible, es decir, podíamos subir y bajar del micro las veces que quisiéramos y recorrer así el atractivo turístico de la ciudad: sus parques.

El recorrido completo, sentado en el bus, es de casi dos horas. El boleto que se compra en cualquier agencia de viajes, o en el mismo vehículo, les permite a los visitantes usarlo durante dos días. Y es que la gente puede recorrer, una vez que baja en una parada, el tiempo que quiera, el lugar que quiera…

Este ejemplo suena interesante para aplicarlo en nuestra ciudad. Quizás el municipio podría poner una unidad a disposición de los turistas, con un buen ploteado en su carrocería, enfatizando los slogans que la identifican turísticamente.

Podría hacer dos recorridos, uno a la mañana y otro a la tarde. El circuito se lo podría armar en base a los distintos espacios públicos emblemáticos de la ciudad, el patrimonio arquitectónico –fundamentalmente de Caravati– y las vistas que se tienen de la ciudad desde El Jumeal, por ejemplo.

En una etapa posterior, cuando el proyecto se auto-gestione, producto del uso que le darían los turistas o los vecinos que contribuyan con el pago del ticket, el emprendimiento estaría en condiciones de funcionar autónomamente. El desafío sería comenzar.

Un guía en su interior podría ir contando los lugares por los que se desplazaría el coche y permitir el descenso de pasajeros que, quizás, quieran quedarse en algún lugar determinado.

Los mismos vecinos de la ciudad podríamos usarlo para conocer las curiosidades de nuestra ciudad y “aprender a ver” nuestra naturaleza y cultura. Así, nos concientizaríamos de lo que tenemos, para contarles a los turistas. Esto que escribo no lo inventaron en Curitiba; en muchas ciudades existe y es absolutamente un éxito. Permite que la gente “viaje” por la ciudad.

Cabe aclarar que los taxistas no deben temer por un sistema de transporte turístico, como el que menciono en esta página. No hay que tener miedo a la competencia. No toda la gente que nos visita está en condiciones de pagar un taxi. Además, muchos turistas quieren vivir la experiencia de la gente de una ciudad usando los medios de transporte colectivos. ¿O no hablamos muchas veces desde esta columna que el turista va a un lugar a vivir experiencias?

Un sistema de recorrido de la ciudad con un bus turístico, sería una experiencia de avanzada en la ciudad. Tenemos un destacable patrimonio arquitectónico para mostrar y también un maravilloso patrimonio natural. ¿Quién no se sorprendería gratamente con ver la ciudad desde El Jumeal? Si las laderas del Ancasti cambian de color y textura a lo largo del año y del mismo día, como un hermoso telón de fono, cual puesta escenográfica…

Cuando vemos en otras ciudades del mundo cómo hacen para ingeniárselas y ofrecer productos turísticos urbanos, realmente nos damos cuenta que no hay límites para la imaginación.

  • Abr 18 / 2011
  • 0
  • Ciudad, General, Turismo

Hacia una paulatina peatonalización de SFVC

Avanzan los trabajos en la peatonalización de calles céntricas.

Avanzan los trabajos en la peatonalización de calles céntricas.

El sábado pasado, en el programa de radio A Vos Ciudad, el arquitecto Javier Doering, a cargo de la Dirección de Arquitectura de la Municipalidad de SFVC, nos comentó sobre el avance de las obras de peatonalización de las calles Rivadavia (entre Mota Botello y San Martín), Esquiú (entre Rivadavia y Sarmiento) y Sarmiento (entre Esquiú y Prado).

Los trabajos en calle Rivadavia, vienen a completar los iniciados hace unos años atrás, entre Avenida Güemes y Mota Botello, concluyendo la anhelada “peatonal comercial” del Área Central de la ciudad.
Según el profesional entrevistado, las obras progresan a buen ritmo y en menos de un mes estarán concluidas. Los vecinos podremos disfrutar de la caminata por estas arterias, sin el acoso de los automóviles.

Caminar por la ciudad

Muchas veces se habla de recuperar la ciudad para el hombre, de jerarquizar los espacios públicos abiertos para la vida ciudadana. Todos tenemos derecho a usar estos espacios democráticamente, pero las calles se tornaron intransitables, especialmente, en algunos momentos de día.

Lamentablemente, las calles céntricas ya no son más propiedad del peatón. El automovilista se apropió de ellas. Los autos corren a gran velocidad y algunas se han transformado en verdaderas autopistas. Agravado a esto, que los motociclistas no respetan las reglas mínimas de convivencia; muchos ni siquiera usan casco sobre sus cabezas. Poco a poco, olvidamos que la calle es aquel espacio urbano donde el tránsito vehicular debería estar limitado, prevaleciendo la circulación de peatones.

Este es un problema que irá empeorando a medida que pasen los años si no se toman cartas en el asunto. Seguramente, por citar un caso, el próximo intendente tendrá que analizar la iniciativa de los comerciantes de calle Chacabuco, quienes solicitan la transformación en peatonal del tramo comprendido entre Sarmiento y Salta. Los vecinos del lugar fundamentan su pedido en una experiencia previa que se llevó a cabo cuando se realizó la repavimentación de la arteria, ocasión en la que se pudo comprobar que los peatones podían circular mejor sobre esta zona, ya que en la actualidad el ancho de las veredas y el excesivo tráfico dificultan su paso.

La plaza

Nos sorprendió gratamente el adelanto del arquitecto Javier Doering, sobre los trabajos previstos para la plaza 25 de Mayo. Al parecer se cambiarían los pisos; se harían las rampas –con el criterio que se sigue en muchas ciudades sensibles con este tema– planteando la accesibilidad desapercibida; se colocarían nuevos bancos y luminarias; todo con un diseño contemporáneo, acorde a los nuevos tiempos. Las obras no llegarían a terminarse en la actual gestión, pero quizás deberían continuarse en la próxima.

Mientras tanto, las fachadas que dan a la plaza principal, tendrían que estar libres de los desagradables carteles existentes; los vecinos deberían asumir su tratamiento dejándolas en buenas condiciones, teniendo en cuenta el turismo urbano.

En el norte de nuestro país, las plazas nos remiten a la fundación de las poblaciones. Por eso, el turista lo primero que hace al llegar a una capital provincial, es llegarse hasta la plaza principal y en su imaginario construirse una “idea” de la ciudad que visita.

Las calles del área histórica deberían tornarse paulatinamente en “amigables” para que el peatón, y sobre todo el turista, puedan disfrutarlas “caminando” por estas sin encontrarse con la prepotencia del automovilista. La situación mixta de calzadas angostas para descongestionar el tránsito vehicular y aceras anchas con árboles y equipamiento para uso de los peatones parece una solución satisfactoria.

Turismo y cultura, siempre juntos en una ciudad

Un recital en el estadio de fútbol, con público de la región, puede ser una realidad en SFVC.

Un recital en el estadio de fútbol, con público de la región, puede ser una realidad en SFVC.

Los vecinos de SFVC manifiestan su aprobación con la reinauguración del Cine Teatro Catamarca, asistiendo a los eventos artísticos programados. Este edificio constituye una joya de la arquitectura moderna dentro de la trama del área central de la ciudad que, por suerte, cobró vida nuevamente.

También viene a la memoria la iniciativa, que tuvo en su momento, la Asociación de Amigos del Arte de Catamarca (ARCa) para adaptar la Casa Navarro, ubicada al frente de la plaza principal, como sede de un magnífico museo de arte contemporáneo.

Con estos dos ejemplos, queremos hacer notar el interés de los vecinos por la vida cultural de una ciudad y el potencial que trae aparejado al turismo urbano. Entendido éste como el que ofrece lo mejor que puede dar de sí una ciudad: cultura, atracciones, vida nocturna, bien sea para trabajo o placer.

En el libro La transformación de la ciudad, el crítico y periodista de arquitectura Kenneth Powel considera que, situar edificios artísticos importantes en barrios degradados, es un sistema probado para atraer inversiones turísticas. Y cita los ejemplos de Bilbao, Barcelona y Groningen –que ciertamente representan otra escala con respecto a nuestra realidad, pero que pueden servir para adaptar el modelo a nuestra ciudad–.

La inversión cultural constituye una ruta de éxito asegurado en la regeneración urbana. Considerada anteriormente como una ciudad industrial poco atractiva, Bilbao se convirtió en un destino turístico y el museo generó ingresos millonarios para la ciudad. En un año, los vecinos recuperaron el coste de la construcción (pagado por el gobierno de la ciudad, el regional y el provincial) y, puesto que el contenido del museo es un préstamo de la fundación del mismo nombre, los ingresos son ganancias netas para Bilbao.

El renacimiento cultural de Bilbao es espectacular, pero sin embargo palidece al lado del de Barcelona, donde el Museo de Arte Contemporáneo en el que fue el mísero barrio del Raval, es una de las inversiones importantes en arte que han dado brillo a una ciudad cultural y muy cosmopolita.

La ciudad holandesa de Groningen empezó a construir un nuevo museo con un espíritu ante todo desafiante y antielitista, con lo que animó realmente a la gente de a pié a ir allí para distraerse más que para instruirse. El nuevo museo se convirtió no en un monumento, sino en un pedazo del tejido de la ciudad, con elementos sorprendentemente disímiles.

Cultura alternativa

“Cultura” no significa únicamente lo que tradicionalmente se conoce como “bellas artes”. Kenneth Powel sostiene que la cultura alternativa de los clubes y bares nocturnos proporciona un sistema más subversivo pero igualmente efectivo para renovar las ciudades.

Recordemos la calle Arístides, en la ciudad de Mendoza –mencionada en este espacio en otra oportunidad– ejemplo de la fusión de esparcimiento y arte, que permite generar, durante todo el año, ingresos genuinos para los vecinos, de parte de los turistas que la visitan continuamente.

La revolución cultural urbana ha cambiado el modo en que se define la cultura misma. Kenneth Powel, dice: “La cualidad más fundamental del éxito de la ciudad del siglo XXI es su diversidad de formas, actividades y gente. El arte nunca ha encajado en estrechas definiciones de planificación, pero continuará desempeñando un papel clave en dar forma a las ciudades habitables del futuro”

La isla bonita

Juan llevando a un grupo de turistas en canoa a través de los manglares de su isla.

Juan llevando a un grupo de turistas en canoa a través de los manglares de su isla.

Al retomar este espacio de opinión decidí, para este primer envío, contar la experiencia de un grupo de habitantes de una pequeña isla que apuestan a seguir viviendo allí.

¿Qué sucede cuando un grupo de personas vive en una isla, la cual uno de sus lados más extensos sólo mide 4 kilómetros de largo? ¿Cómo hacen para afrontar la vida diaria? ¿Cómo generan trabajo? ¿Cómo llegan a un hospital para ser atendidos por un médico ante una emergencia? ¿Cómo hacen para comunicarse con el mundo?

Estas preguntas, seguramente se la formularán las personas que tienen la oportunidad de visitar una pequeña isla y darse cuenta que, en un pedazo de tierra en medio de la mar, con todas las limitaciones al estar aislados, advierten cómo se agudiza el ingenio. Comprenden cómo se puede hacer trabajar el cerebro para crear un “lugar en el mundo”.

Esto que relato, pasa en una de las islas del Archipiélago de Nuestra Señora del Rosario, más comúnmente llamadas Islas del Rosario, ubicadas a 46 kilómetros al suroeste de la ciudad de Cartagena de Indias, en la costa norte colombiana. Para llegar a las Islas es necesario viajar aproximadamente una hora en bote cruzando la Bahía de Cartagena.

Las Islas del Rosario están formadas por bancos coralinos, aguas cálidas y playas de arena fina. La transparencia de sus aguas y la placidez del lugar, invitan a nadar, bucear y a realizar recorridos contemplativos en canoas de remo, pues la belleza exuberante de las islas ofrece rincones de gran belleza. Pero la vida allí es muy dura si no somos turistas.

Tuve la oportunidad de estar en una de estas islas de este gran país latinoamericano, y hacer una excursión al interior de aquella para conocer sus manglares –árboles tolerantes a la sal ubicados en las desembocaduras de cursos de agua dulce de las costas tropicales– como pretexto para entender cómo sus habitantes trabajan en comunidad.

Mientras recorría este ecosistema, Juan, quien conducía la canoa, me respondía a una serie de preguntas que me intrigaban sobre la vida en ese lugar. Ellos generan actividades para atender al turista que llega, elaborando la comida, llevándolos en excursión y vendiendo sus artesanías. De esta manera, consiguen que el visitante viva la experiencia del lugar generando ingresos económicos.

No sienten necesidad de ir al continente, más allá de los trámites burocráticos que deben realizar, trasladándose en una lancha que usan para tal fin y para llevar, llegado el caso, los enfermos al hospital. Cuentan con una escuela con primaria y secundaria, a la que concurren aproximadamente 250 alumnos.

Pueden ver la televisión, tienen señal para usar los teléfonos móviles y poseen internet en la escuela, donde se conectan con la gente amiga a través del sitio web que crearon para tal fin.

Esta visita me dejó pensando cómo un grupo de personas emprendedoras, aun estando en una pequeña isla en un lugar aislado del mundo, pueden soñar en desarrollarse con el apoyo del Estado.

Repasando los datos del último Censo Nacional que dan cuenta del despoblamiento de las pequeñas ciudades del interior, ¿por qué no podemos evitar que la gente emigre de sus pueblos, si vivimos en un territorio interconectado?

Los vecinos, junto con los políticos, debemos poner sobre la mesa del debate la creatividad para solucionar este problema.

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